Esta es una pregunta de primordial importancia. Merece toda nuestra atención. La siguiente es probablemente una definición tan buena como hasta ahora se ha dado. “El arrepentimiento para vida es una gracia salvadora operada en el corazón del pecador por el Espíritu y la palabra de Dios, por la cual nace en él un modo de ver, y un sentimiento no sólo de lo peligroso, sino también de lo inmundo y odioso de sus pecados; y al apercibir la misericordia de Dios en Cristo para aquellos que se han arrepentido, se aflige por sus pecados, los odia y se aparta de todos ellos a Dios, proponiéndose y esforzándose constantemente en andar con el Señor en todos los caminos de una nueva obediencia1 . El que esta definición es irrebatible y bíblica se va viendo con más claridad cuanto más a fondo se examina. El arrepentimiento verdadero es un dolor por el pecado que termina en una reforma. Meramente lamentarse no es arrepentirse, tampoco lo es una reforma que solo sea externa. No es la imitación de la virtud: es la virtud misma…

Aquel que realmente se arrepiente está principalmente afligido por sus pecados; aquel cuyo arrepentimiento es falso, está preocupado principalmente por sus consecuencias. El primero se arrepiente principalmente de que ha hecho una maldad, el último de que ha traído sobre sí una maldad. El uno lamenta profundamente que merece el castigo, el otro que tiene que sufrir el castigo. El uno aprueba de la Ley que lo condena; el otro cree que es tratado con dureza y que la Ley es rigurosa. Al arrepentido sincero, el pecado le parece muy pecaminoso. El que se arrepiente según las normas del mundo, el pecado de alguna manera le parece agradable. Se lamenta que sea prohibido. El uno opina que es cosa mala y amarga pecar contra Dios, aun cuando no recibe castigo; el otro ve poca maldad en la transgresión si no es seguida por dolorosas consecuencias. Aunque no hubiera un infierno, el primero desearía ser librado del pecado; si no hubiera retribución, el otro pecaría cada vez más. El arrepentido auténtico detesta principalmente el pecado como una ofensa contra Dios. Esto incluye todos los pecados de todo tipo. Pero se ha comentado con frecuencia que dos clases de pecados parecen pesar mucho en la conciencia de aquellos cuyo arrepentimiento es del tipo espiritual. Estos son los pecados secretos y los pecados de omisión. Por otro lado, en el arrepentimiento falso, le mente parece centrase más en los pecados que son cometidos a la vista de otros y en pecados de comisión.2 El arrepentido auténtico conoce la plaga de un corazón malo y una vida estéril; el arrepentido falso no se preocupa mucho por el verdadero estado del corazón, sino que lamenta que las apariencias estén tanto en su contra.

  1. Catecismo Mayor de Westminster, P 76. 
  2. Pecados de omisión… comisión – uno comete un pecado de omisión cada vez que no cumple aquello que ha sido ordenado; uno comete un pecado de comisión cuando hace algo que está prohibido o, que siendo bueno en sí, se hace por una razón equivocada. 

Sobre El Autor

William Plumer

Ministro, Teólogo: William Swan Plumer, nació en Greensburg, Pennsylvania el 19 de Julio de 1802. Fue un Ministro Americano, teólogo y autor que fue reconocido como un líder intelectual de la Iglesia Presbiteriana del siglo XIX. Se graduó del Colegio de Washington (ahora Universidad de Washington y Lee en Virginia) en 1825, recibió su educación religiosa en el Seminario Teológico de Princeton en Nueva Jersey, y fue ordenado en la Iglesia Presbiteriana. El Presbiterio de Nueva Jersey autorizó a Plumer como ministro en 1826, y el Presbiterio del estado de Orange lo ordenó como un evangelista en 1827. Fue Pastor de varias Iglesias, más principalmente: La Primera Iglesia Presbiteriana, Richmond, Virginia (1834–1846); Iglesia Presbiteriana Franklin Street, Baltimore, Maryland (1847–1854); Iglesia Presbiteriana Central, Allegheny, Pennsylvania (1854–1862)... etc. Plumer murió en Baltimore el 12 de Octubre de 1880. Y fue sepultado en el cementerio de Hollywood en Richmond.

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