Más aún, los creyentes son miembros del cuerpo de Cristo, y así son uno con él por una unión de amor, viva y permanente. Dios nos ha llamado a esta unión, comunión, asociación, y por medio de este hecho nos ha dado la prueba y promesa de que seremos confirmados hasta el fin.

Si Dios nos considerase separadamente de Cristo, seríamos pobres seres, perecederos, nos disolveríamos pronto y seríamos llevados a la destrucción; pero siendo uno con Cristo somos participantes de su naturaleza y estamos dotados de su vida inmortal. Nuestro destino está unido con el de Cristo, mientras él no sea destruido, no es posible que perezcamos nosotros.

Reflexiona mucho en esta comunión con el Hijo de Dios, a la cual has sido llamado, porque en ella radica toda tu esperanza. Nunca podrás ser pobre mientras Jesús sea rico, ya que eres partícipe de lo suyo. ¿Qué te podrá faltar, si eres copropietario con el Dueño del cielo y de la tierra? Nunca podrás fracasar, porque si bien uno de los socios es pobre como ratón de iglesia y está tan en bancarrota que no puede pagar ni lo más mínimo de sus deudas, el otro socio es inconcebiblemente rico en tesoros inagotables.

Por medio de tal comunión superas toda depresión de esta época, de los cambios futuros y del shock del fin de todas las cosas. El Señor te ha llamado a la comunión con su Hijo Jesucristo y por ese acto y obra te ha colocado en una posición de seguridad infalible. Si eres de verdad creyente, eres uno con Jesús, y por lo tanto, estás a salvo. ¿Te das cuenta que esto tiene que ser así? Cuentas con una confirmación segura hasta el fin, hasta el día de su segunda venida, si realmente has sido hecho uno con él por un acto irrevocable de Dios.

Cristo y el creyente se encuentran en el mismo barco. A menos que Jesús se hunda, el creyente no se ahogará. Jesús ha otorgado a sus redimidos una relación tan íntima con él, que antes que dejar que sea dañado el más pequeño de sus rescatados, él mismo dejaría que lo hirieran, deshonraran y vencieran. Su nombre consta en primer lugar en la compañía, y mientras no pierda él su crédito, estamos asegurados contra todo temor de quiebra. Por lo tanto, sigamos adelante con total confianza hacia el futuro desconocido, unidos eternamente con Jesús.

Si los hombres del desierto exclamaran: “¿ Quién es ésta que sube del desierto, recostada sobre su amado?” confesaríamos gozosamente que nos recostamos en Jesús y que pensamos apoyarnos en él cada vez más. Nuestro Dios fiel es una fuente rica que sobreabunda en deleites, y nuestra comunión con el Hijo de Dios es un río lleno de gozo. Sabiendo estas cosas gloriosas, no podemos vivir desalentados; no, al contrario, exclamamos con el apóstol:

“Ninguna… cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Sobre El Autor

Charles Spurgeon

Charles Haddon Spurgeon Nacio en Kelvedon, el 19 de junio de 1834 fue un pastor bautista británico. Aún es conocido por la gente como el "Príncipe de los Predicadores". A lo largo de su vida, Spurgeon evangelizó alrededor de 10 millones de personas y a menudo predicaba 10 veces a la semana en distintos lugares. Sus sermones han sido traducidos a varios idiomas y actualmente, existen más libros y escritos de Spurgeon que de cualquier otro escritor Cristiano de la historia de la iglesia. Tanto su abuelo como su padre fueron pastores puritanos, por lo que creció en un hogar de principios Cristianos. Sin embargo, no fue sino hasta que tuvo 15 años en enero de 1850 cuando hizo profesión de fe en una Iglesia Metodista. Spurgeon fue pastor de la Iglesia Bautista denominada Metropolitan Tabernacule, de Londres durante 38 años. Fue parte de numerosas controversias con la Unión Bautista de Gran Bretaña y luego debió abandonar su título religioso. Durante su vida, Spurgeon sufrió diversos malestares físicos. Sin embargo, en 1857, fundó una organización de caridad llamada Spurgeon's, la cual trabaja a lo largo de todo el mundo. Spurgeon fallecio el 31 de enero de 1892 en los Alpes Marítimos, Francia.

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