Esforzaos para vivir una vida santa. Que vuestro andar sea digno de la Iglesia a la que pertenecéis. Vivid como ciudadanos del cielo. De tal manera alumbre vuestra luz delante de los hombres, que ellos puedan beneficiarse de vuestra conducta. Mostrad al mundo de quien sois y a quien servís. Sed epístolas de Cristo, conocidas y leídas de todos los hombres; escritas en letras tan claras que nadie pueda decir: “No sé si esta persona pertenece a Cristo”. La persona que no sabe lo que es la santidad práctica, no es miembro de la “Iglesia fundada sobre la Roca”.

Esforzaos para vivir una vida valerosa. Confesad a Cristo delante de los hombres. Sea cual fuere vuestra posición: confesad a Cristo. ¿Por qué habéis de avergonzaros de Él? En la cruz Él no se avergonzó de vosotros. El está presto a confesaros delante de su Padre en los cielos. Sed valientes, muy valientes. El buen soldado no se avergüenza de su uniforme. El verdadero creyente no debe nunca avergonzarse de Cristo.

Esforzaos para vivir una vida gozosa. Vivid como aquellos que esperan la bendita esperanza, la Segunda venida de Jesucristo. Este es el acontecimiento que todos deberíamos anhelar. Mas que el de ir al cielo, el pensamiento que debería llenar nuestras mentes es el de que el cielo vendrá a nosotros. Tiempos buenos se avecinan para el pueblo de Dios, para toda la Iglesia de Cristo, para todos los creyentes; pero tiempos malos para los impenitentes y los incrédulos. Velemos, vigilemos y oremos por estos tiempos buenos.

El andamiaje pronto será desmantelado; la última piedra pronto será colocada; la cobertura está casi lista. Un poco más, y la belleza de la Iglesia que Cristo está edificando brillará en todo su esplendor.

El gran Maestro Constructor pronto vendrá en persona. El edificio será mostrado a los mundos congregados, y en los que no habrá imperfección. El Salvador y los salvados se gozarán juntos, y todo el universo reconocerá que en la edificación de la Iglesia de Cristo todo fue bien hecho. “Bienaventurados” —se dirá en aquel día, si es que no se dijo ya antes— “¡bienaventurados todos aquellos que pertenecen a la iglesia fundada sobre la Roca!“.

Sobre El Autor

J. C. Ryle

John Charles Ryle, nació en Inglaterra en el año 1816. Sus padres fueron John y Susana Ryle. Terminó sus estudios en las Universidades de Eton y Oxford donde, además de adquirir una buena educación, Su conversión tuvo lugar en el año 1837 después de haber quedado fascinado por una lectura en público del capítulo dos de Efesios Esto es lo que Ryle oyó: “Porque por gracia habéis sido salvados — por medio de la fe — y esto no de vosotros — sino que es don de Dios”. La justificación por la fe, la verdad que transformó a Lutero tuvo el mismo efecto sobre Ryle. En el año 1880, después de cuarenta años en el ministerio, cuando ya tenía sesenta y cuatro años, fue nombrado primer obispo de la populosa ciudad de Liverpool. Allí, Ryle trabajó arduamente e hizo mucho bien hasta que no pudo más y renunció a la edad de ochenta y tres años, unos cuantos meses antes de su muerte, el diez de junio del año 1900.

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