“Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.”

Miqueas 6:8

La vida puede ser complicada. Nuestras responsabilidades con respecto a la familia y el trabajo crecen más y más; las presiones sociales y financieras aumentan y nos enfrentamos con listas de quehaceres que parecen interminables. Estas tremendas demandas a menudo nos impulsan a buscar formas de simplificar la vida que reduzcan el estrés a través de un retorno a las convicciones básicas: no gastar más de lo que uno gana; trabajar diligentemente, pero dejando tiempo para la recreación; prestarle atención a los detalles pero sin permitir que nos desvelen.

El mismo mal se presenta en el terreno espiritual. Pasan los años, pero no significa que necesariamente nos volvamos más sabios en cuanto a la fe. Nos ocupamos más del servicio al Señor, pero no precisamente con alegría. Dedicamos tiempo a las disciplinas espirituales, pero con desgano, sí o entusiasmo. Perdemos el gozo y la fe simple y sencilla como la de un niño. La pasión y espontaneidad del «primer amor» que sentimos al conocer a Dios se desvanece.

No existe una fórmula que nos dé la clave para recuperar el gozo. Sin embargo, el profeta Miqueas nos proporciona ciertas pautas prácticas que nos permiten mantener nuestra fe libre de estorbos. En vez de acercarnos y relacionarnos con Dios en base a reglas estrictas (Miqueas 6:6-7), el profeta resume así lo que Dios espera y acepta: «¡Ya se te ha declarado lo que es buenos! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios» (v. 8).

Agradar al Señor y disfrutar de él en todo tiempo no es complicado. Dios no lo planeó de esa manera. Ahogamos el gozo simple que él tenía en su propósito por agregarle demasiadas jotas y tildes. El mensaje de Miqueas de hace casi mil ochocientos años resulta increíblemente actual hoy.

«Practica la justicia», dice Miqueas. Haz lo que sabes que es correcto. No comprometas la verdad. No desarrolles un sistema de convicciones basado en racionamientos. Simplemente haz lo correcto según el Espíritu y la palabra de Dios te instruyen. Obedece en aquellas pocas cosas que sabes hacer y momentáneamente deja de preocuparte por el resto. Ama a tu familia. Dale tus diezmos al Señor. No pelees; s un pacificador. El principio a seguir es obedecer a la verdad revelada. La obediencia a la verdad de Dios trae libertad, y la libertad alimenta la sencillez, sacándonos del laberinto confuso de las excesivas opciones y alternativas. El violonchelista que practica cada día interpreta con mayor libertad su concierto que la persona que sueña con el escenario sin prepararse para Él.

«Ama la misericordia», propone Miqueas. En vez de insistir en que se te concedan tus derechos, entrégaselos al Señor. Pon a otros en primer lugar y no a ti mismo. No trates a las personas según lo que merecen; muéstrales misericordia, así como Dios lo hace contigo. Ama la misericordia; es decir, conviértela en una prioridad en tu vida. Dale la gloria a Dios, sé amable con otros, y deja que Dios se ocupe de cuidar tu reputación y darte la recompensa.

«Humíllate ante tu Dios», exhorta Miqueas. Ten a Dios en alta estima y asegúrate de que tu concepto de ti mismo sea el adecuado. Recuerda que todas las cosas buenas y grandes vienen de Él. Dios es la fuente de toda bendición. Reconócelo en todos tus caminos y mantén a Cristo como centro de todo lo que hagas. Medita en estas cosas. Cuando la presión resulte abrumadora, pon estos principios en acción. No será fácil, pero mantendrá tu fe centrada en lo esencial y creará el espacio para desarrollar un gozo simple.

De alguna manera, Señor, entiendo que mi vida no necesita ser tan complicada. Te pido que llenes mi corazón de serena confianza, de esa quietud y seguridad que vienen de ti, para que ella dirija mis pasos y ordene mis pensamientos. Muéstrame lo que es importante para ti y ayúdame a mantenerte en el centro de todo lo que haga. Cuando me distraiga y frustre por las muchas ocupaciones, deténme por un momento y transmítele tu paz a mi alma. Entonces permíteme seguir adelante con tus fuerzas.

 

Sobre El Autor

Charles Stanley

Charles Frazier Stanley (25 de septiembre de 1932, Virginia) es el pastor principal de la Primera Iglesia Bautista, en el norte de Atlanta, Georgia. Él es el fundador y presidente "Ministerios en Contacto". Stanley también sirvió dos períodos de un año como presidente de la Convención Bautista del Sur de 1984 a 1986.

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