“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la Gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”
2 Corintios 3:18

El conocimiento de salvación, es un conocimiento transformador, que cambia el alma. La luz divina que late sobre el corazón, la calienta y la mejora; lo transforma y lo moldea a la misma semejanza de Cristo.

Los naturistas observan que la perla, cuando los rayos del sol golpean sobre ella, se vuelve radiante. De la misma manera, el Señor a menudo golpeando y brillando con el Sol de justicia, con sus rayos divinos, sobre los santos, hace que brillen y brillen en santidad, justicia, mente celestial, humildad, etc. La luz divina proyecta de manera completa belleza y gloria al alma, transforma al hombre cada vez, más y más a la imagen gloriosa de Cristo.

¡Mira! Cómo el niño recibe los rasgos de sus padres; precisamente así, los rayos de la luz divina y el conocimiento radiante en el alma, sellan la viva imagen de Cristo sobre ella.

El mero conocimiento teórico puede hacer que el hombre sea excelente alabando los actos gloriosos y dignos, así como las virtudes de Cristo. Pero el conocimiento transformador que acompaña a la salvación, hará un hombre preparado divinamente para imitar los actos y virtudes gloriosas de Cristo.

Cuando un rayo de luz divina brilló desde el cielo sobre Pablo, ¡Ah, cómo lo cambio y transformó! ¡Cómo lo modificó y convirtió! Hizo de su alma rebelde, un alma obediente: “Señor ¿Qué quieres que yo haga?” Hechos 9:6. La divina luz pone sobre un hombre una feliz necesidad de obedecer a Dios. La luz divina hace…

De este león, un cordero,
De perseguidor a predicador,
De destructor de los santos a fortalecedor de los santos,
De atormentador a consolador,
De monstruo a un ángel,
De un notorio blasfemo a un gran admirador de Dios, y partícipe de Su libre gracia.

De la misma forma, cuando una chispa de este fuego celestial cayó sobre el corazón de María Magdalena, ¡Oh que cambio! ¡Qué transformación hace en ella! Ahora ella ama mucho, cree mucho, llora mucho y se arrepiente mucho. ¡Oh, pero que cambio hizo la luz divina en Zaqueo y en el carcelero de Pablo!

Verdaderamente, si tu luz, tu conocimiento bíblico no causa mejora en ti, si no te cambia y te transforma; sí bajo toda la luz y conocimiento permaneces tan vil y firme como siempre; tu luz, tu conocimiento, tus ideas y especulaciones, serán como fuego. Ese conocimiento que no es un conocimiento transformador, atormentará al hombre hasta el fin, más que todos los demonios del infierno; puesto que será…

Una espada para cortarle,
Una vara para azotarlo,
Una serpiente para morderlo,
Un escorpión para picarlo y,
Un buitre, un gusano que lo carcome eternamente.
Dios al final de todo, no tomará en cuenta nada más, sino lo que deja el sello de Cristo, la huella de Cristo, la imagen de Cristo sobre el corazón, solo aquello es lo que cambia y transforma el alma, lo que hace al hombre un hombre nuevo, un hombre diferente a lo que era antes de que la luz divina brillara sobre él.


Traducción: Sarahi Canche
Edición: Natalia Solorzano
Fuente: www.sermonindex.net

Sobre El Autor

Thomas Brooks

Thomas Brooks (1608-1680) fue un predicador puritano inglés no conformista y autor. Gran parte de lo que se sabe acerca de Thomas Brooks se ha comprobado a partir de sus escritos.  En 1608, Brooks entró en el Emmanuel College, Cambridge, en 1625, donde fue precedido por hombres como Thomas Hooker, John Cotton y Thomas Shepard. Fue licenciado, predicador del Evangelio  en 1640. Antes de esa fecha, parece haber pasado varios años en el mar, probablemente como capellán de la flota.

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