La verdad es que el pecado es más desastroso de lo que pensamos, y la gracia es más asombrosa de lo que creemos.

Alguien que realmente entiende lo que la Escritura dice sobre la naturaleza comprensiva y devastadora del pecado sabe que no hay nada que uno pueda hacer para alcanzar el estándar perfecto de Dios.

La idea de que un ser caído pueda ser aceptado por Dios mediante sus propios méritos tiene que ser la ilusión más descabellada de todas. Aun así, todos tendemos a pensar que somos más justos de lo que en verdad somos y, cuando pensamos eso, hemos emprendido la ruta hacia la ilusión de que tal vez no somos tan malos ante los ojos de Dios.

Es por eso que Romanos 3:20 es tan importante. Pablo escribe: “Nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley”. Si oraras en todos y cada uno de los momentos de tu vida, tus oraciones no serían suficientes para ganar el favor de Dios.

Si dieras cada centavo de todos los ingresos que has generado en toda tu vida, tu dinero no sería suficiente para ganar el favor de Dios. Si cada palabra que ha salido de tu boca fuera hablada con las motivaciones más puras, nunca serías capaz de lograr reconciliarte con Dios.

Si entregaras tu vida a un ministerio, jamás podrías ministrar lo suficiente como para alcanzar el favor de Dios. El pecado es supremamente grande. El estándar de Dios es supremamente alto; está lejos del alcance de todo ser humano que haya vivido en este mundo. Es por eso que Dios, en Su amor, envió a Su Hijo: “Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Verás, no hay otra alternativa. Solo hay una puerta de entrada para ser aceptados ante Dios: la justicia de Cristo. Su justicia ha sido transferida a nuestra cuenta; los pecadores son bienvenidos ante la presencia de un Dios santo, debido a la obediencia perfecta de Jesús. Él es nuestra esperanza, nuestro descanso y nuestra paz.

Jesús cumplió perfectamente con el requisito de Dios para que nuestros pecados, nuestras flaquezas y nuestras faltas nunca más tuvieran que enfrentar la ira de Dios. ¡Esto es lo que hace la gracia! Entonces, como hijos de la gracia, debemos obedecer como un servicio de adoración, en vez de un intento desesperado por lograr lo imposible —merecer el favor de Dios por nuestra cuenta.

Para profundizar y ser alentado: Gálatas 3:1-14

Sobre El Autor

Paul David Tripp

Paul David Tripp es pastor, autor y conferencistas. Él es el presidente de los Ministerios Paul Tripp y trabaja para conectar el poder transformador de Jesucristo a la vida cotidiana. Esta visión ha llevado a Paul a escribir 17 libros sobre la vida cristiana, producir 14 series de enseñanza y viajar alrededor del mundo hablando en eventos. La pasión motriz de Paul es ayudar a la gente a entender cómo el evangelio de Jesucristo habla con esperanza práctica en todas las cosas que la gente experimenta en este mundo roto.

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