Recordad conmigo, amadísimos hermanos, que el Señor dijo: Mientras vivimos en el cuerpo somos peregrinos lejos del Señor, pues caminamos en la fe, no en la visión.

Jesucristo nuestro Señor, que dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, quiso que camináramos no solo por él, sino hacia él. ¿Por dónde caminamos sino por el camino? ¿Y adónde caminamos sino a la verdad y a la vida, es decir, a la vida eterna, la única que merece llamarse vida? En efecto, esta vida mortal en que nos encontramos, comparada con aquella, aparece ser, más bien, una muerte, pues cambia con tan grande mutabilidad y se termina en un brevísimo espacio de tiempo.

Por eso el Señor, al rico que le había dicho: Maestro bueno, ¿qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?, le respondió: Si quieres llegar a la vida, guarda los mandamientos. Se encontraba, pues, en alguna otra vida, dado que no hablaba a un cadáver o a un hombre carente de ella.

Mas, cuando él le preguntó sobre la consecución de la vida eterna, el Señor no le respondió: «Si quieres llegar a la vida eterna», sino: Si quieres llegar a la vida, queriendo dar a entender que la vida que no es eterna no merece llamarse vida, puesto que vida verdadera no lo es más que la eterna.

De aquí que también el Apóstol, aconsejando a los ricos dar limosnas, dijera: Sed ricos en buenas obras, dad con facilidad, repartid, atesoren un buen fundamento para el futuro, a fin de alcanzar la vida verdadera. ¿A qué llama vida verdadera sino a la vida eterna, la única que merece llamarse vida, porque es la única que es feliz? En efecto, aquellos ricos a quienes decía el Apóstol que había que ordenarles que alcanzaran la vida verdadera, vivían esta vida en medio de abundantes riquezas; pero, si el Apóstol la hubiese considerado como vida verdadera, no hubiera dicho: Atesorad un buen fundamento para el futuro, a fin de alcanzar la vida verdadera, no indicando otra cosa sino que no es verdadera vida la de los ricos; vida que los necios no solo consideran verdadera, sino hasta feliz.

Mas, ¿cómo puede ser vida feliz si no es verdadera? No se ha de llamar vida feliz sino a la verdadera; ni es vida verdadera sino la eterna, vida que los ricos se dan cuenta que no tienen todavía, cualesquiera que sean los placeres de que dispongan; razón por la cual se les exhorta a que la alcancen mediante las limosnas para que puedan oír al final: Venid, benditos de mi Padre; recibid el reino que está preparado para vosotros desde el comienzo del mundo; pues tuve hambre, y me disteis de comer. Cómo el mismo reino es la vida eterna lo mostró con lógica el mismo Señor poco después al decir: Aquellos irán al fuego eterno; los justos, en cambio, a la vida eterna.

Serm.346,1

Sobre El Autor

Agustin de Hipona

Agustín de Hipona (354-430), conocido también como San Agustín, fue, padre y doctor de la Iglesia. El «Doctor de la Gracia» fue el máximo pensador del cristianismo del primer milenio y uno de los más grandes genios de la humanidad. Autor prolífico, dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología, siendo Confesiones y La Ciudad de Dios sus obras más destacadas.

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