Si todavía no gozáis de la seguridad de vuestra salvación, tomad la resolución en este día de buscarla. Esforzaos para conseguirla. Orad y no déis descanso al Señor hasta que “sepáis en quien habéis creído.”

Creo que es una vergüenza, y constituye una afrenta, que entre los que profesan hoy en día ser hijos de Dios, haya tan poca seguridad de salvación. “Es en verdad lamentable“, nos dice el viejo Traill, “que haya tantos cristianos que han vivido veinte o cuarenta años desde que Cristo los llamó por su gracia, y que todavía están dudando“. Recordemos el profundo deseo de Pablo escribiendo a los hebreos, de que “cada uno” de ellos se afanara para conseguir una seguridad completa de salvación. Esforcémonos también nosotros para conseguir este estado de fe, y de esta manera librarnos de la afrenta que pesa sobre el cristianismo de nuestro tiempo.

Lector creyente: “¿no tienes deseos de cambiar tu esperanza por seguridad, tu confianza por persuasión, y tu incertidumbre por conocimiento?” Por el hecho de que una fe débil salva, ¿te contentarás ya con ello? Sabiendo que la seguridad y certeza de fe no es esencial a la salvación y entrada al cielo, ¿te contentarás con vivir sin ella? Si es así, puedo asegurarte que tu salud espiritual no es muy satisfactoria, y que tu manera de pensar es muy distinta a la de la Iglesia apostólica. ¡Levántate ahora mismo y avanza con paso decidido y firme! No te duermas sobre los cimientos de tu fe; busca la perfección de tu edificio espiritual. No te contentes con cosas pequeñas; no las desprecies en los otros, pero tú no te contentes con ellas.

Créeme, vale la pena afanarse para conseguir la seguridad de salvación. Te abandonas a ti mismo cuando dejas de buscarla. Créeme, las cosas de que te hablo son para tu propia paz. Si bueno es alcanzar seguridad en las cosas de esta vida, ¡Cuánto más lo es en las cosas espirituales! Tu salvación es algo inconmovible y cierto. El Señor lo sabe. ¿Por qué no te afanas tú también para saberlo? No hay nada que no sea bíblico en esto. Pablo nunca vio el Libro de la Vida y sin embargo dice: “Yo sé y estoy cierto“.

Pide pues, en tus oraciones diarias, que el Señor aumente tu fe. Según tu fe, así será tu paz. Cultiva más y mejor la raíz de la fe, y tarde o temprano tendrás la flor. Quizá no sea en un instante que obtengas el fruto de la seguridad de salvación. Es bueno a veces esperar, ya que no apreciamos demasiado las cosas que obtenemos sin esfuerzo. Pero aunque el fruto de la seguridad tarde en llegar, espéralo, búscalo, y confía en que llegará. 

Hay sin embargo una cosa sobre la cual no desearía estutuvieras en ignorancia: aún después de haber obtenido la seguridad de la salvación, no te sorprendas si en ocasiones te vienen dudas. No te olvides de que todavía no estás en el cielo, sino que aún estás en la tierra. Estás todavía en el cuerpo, y el pecado todavía mora en ti; y hasta el mismo día de la muerte, la carne peleará contra el espíritu. Acuérdate, además, que hay un diablo y de que es un diablo muy fuerte, un diablo que tentó al Señor Jesús e hizo caer a Pedro; y que a ti no te dejará. Siempre tendrás algunas dudas. Quien no tiene dudas es que no tiene nada que perder. Quien no teme, es que no tiene nada que sea realmente de valor. Quien no es celoso, poco sabe de lo que es un amor profundo. Pero no te desanimes: tú serás más que vencedor a través de Aquel que te amó.

“Nadie goza siempre de seguridad. Así como en un camino hay
trechos sobre los que cae la sombra de los árboles de modo que la
luz alterna con las sombras, y hay trechos sobre los que brilla la luz
del sol, lo mismo sucede también, por lo general, en la vida del creyente.”
Hopkins

 

Sobre El Autor

J. C. Ryle

John Charles Ryle, nació en Inglaterra en el año 1816. Sus padres fueron John y Susana Ryle. Terminó sus estudios en las Universidades de Eton y Oxford donde, además de adquirir una buena educación, Su conversión tuvo lugar en el año 1837 después de haber quedado fascinado por una lectura en público del capítulo dos de Efesios Esto es lo que Ryle oyó: “Porque por gracia habéis sido salvados — por medio de la fe — y esto no de vosotros — sino que es don de Dios”. La justificación por la fe, la verdad que transformó a Lutero tuvo el mismo efecto sobre Ryle. En el año 1880, después de cuarenta años en el ministerio, cuando ya tenía sesenta y cuatro años, fue nombrado primer obispo de la populosa ciudad de Liverpool. Allí, Ryle trabajó arduamente e hizo mucho bien hasta que no pudo más y renunció a la edad de ochenta y tres años, unos cuantos meses antes de su muerte, el diez de junio del año 1900.

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