La oración es la obra sagrada y divina por excelencia. Pero creo que hay más interés por las demás cosas, y cada uno se dedica a su negocio y olvida la oración. Tanto el que vende como el que compra se preocupan en madrugar para que nadie se les adelante, y corren al lugar de su negocio, al foro, no a la oración. Así, el artista y el obrero, el orador y el estudiante, se dedican de lleno a su negocio y se olvidan de la oración. Igualmente, el que compone oraciones, a veces se olvida de Dios que puede darle el espíritu de oración, y olvidándose de Dios, cree que su esfuerzo vale más que la oración.

Si la oración precede al trabajo, el pecado no encontrará entrada en el alma. La oración aparta al agricultor del pecado, para no caer en la avaricia. Y cualquier negocio que se emprenda tendrá éxito y se liberará del pecado por la oración. Pero si se deja la oración dedicado totalmente a los negocios, terminará mal.  

Los paganos consiguieron obligar a Orígenes, uno de los antiguos Padres de la Iglesia, a ofrecer incienso a un ídolo, amenazándolo con un castigo peor que la muerte. Entonces se regocijaron grandemente al ver su cobardía y su apostasía. Pero los paganos no conocían el hecho de que, según nos dice el mismo Orígenes, prescisamente aquella mañana había abandonado su dormitorio a toda prisa, sin acabar sus oraciones habituales.

El que no se une a Dios por la oración, se aparta de Dios. Y el que con Dios está por la oración, se aparta del maligno.

Sobre El Autor

Gregorio de Nisa

Gregorio de Nisa nació en Cesarea de Capadocia alrededor del 330 y 335 d. C, fue también conocido como Gregorio Niseno, fue obispo de Nisa y Capadocia en el siglo IV y teólogo. Hijo de Basilio el Viejo y Emmelia y hermano menor de Macrina y Basilio el Grande. Murió alrededor del 394 y 400 d. C. en Nisa.

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