«Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente»

Génesis 50:20

 

¿Como podemos lidiar con el dolor sin amargarnos? ¿Cómo hacer frente a situaciones trágicas o injustas en nuestra vida sin sucumbir a los efectos tóxicos de un espíritu amargado? La vida de José siempre me ha sido de aliento.

Si alguna vez alguien ha tenido razones suficientes como para desarrollar una mala actitud, ése ha sido José. Casi todos los que lo conocían lo traicionaron. Sus hermanos, celosos, lo vendieron por una mucha suma. Después de haber sido comprado por un oficial egipcio, la esposa de su señor lo acusó falsamente de acoso sexual. Un siervo de la corte de Faraón, con quien él hizo amistad, inmediatamente después de ser liberado se olvidó de la amabilidad y sabiduría con la que José lo había tratado.

Recién después de pasar los treinta años, o sea cerca de trece a partir de la acción vil de sus hermanos, José fue elevado a una de las funciones más altas en Egipto. Si José se hubiera enojado y resentido por las circunstancias (y realmente tenía bastantes razones para ello) no hubiera estado en condiciones de asumir la función de liderazgo que tan repentinamente el Faraón le ofreció.

Una persona amargada generalmente se vuelve solitaria, introvertida, y casi incapaz de interactuar de manera positiva con otros. Estoy convencido de que la razón fundamental por la que José se volvió perseverante y se libró de tener un espíritu amargado fue su percepción sobre la mano soberana de Dios que se movía por encima de sus dificultades.

Después de revelar, muy conmovido, su identidad a sus hermanos, José dijo: «Pero ahora, por favor no se más ni se reprochen el haberme vendido, pues en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas … Fue Dios quien me envió aquí, y no ustedes» (Génesis 45:5,8). Más adelante, mientras continuaba hablando con sus hermanos, muy arrepentidos ellos, José volvió a enfatizar la dirección providencia de Dios sobre su vida: «Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien. para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente» (Génesis 50:20).

Muchas personas le causaron gran dolor a José, lo cual no fue bueno ni justo. La única manera en que logró evitar la devastación espiritual de un corazón amargado fue entendiendo que Dios estaba en el control de aquellas situaciones que lo afectaban adversamente. Los hermanos de José le habían vendido a esclavitud, pero no sin que Dios lo permitiera, y no fuera del alcance de su conocimiento y de su poder.

Detrás de la escena, permitiendo pero no causando las dolorosas circunstancias que rodearon la vida de José, estaba el Señor. Aunque nos resulte difícil aceptarlo, me atrevo a sugerir que la única manera de mantener nuestro corazón libre del veneno de la amargura es descubrir la mano de Dios detrás de todas las circunstancias y creer, que Él usará las acciones crueles de otras personas para cumplir su propósito en nuestra vida.

Cuando le decimos al Señor: «Mi vida entera está. en tus manos» (Salmo 31:15), estamos reconociendo su absoluta soberanía sobre nosotros. En lugar de concentrarnos en los problemas que nos han afligido, volvámonos hacia la mano poderosa del Señor para confiarnos a su amoroso cuidado. Descubramos la mano de Dios obrando en todas las cosas. Crearnos firmemente que Él puede usar nuestras enmarañadas y enredadas circunstancias para lograr bienes en una instancia posterior. No hagamos una negación del dolor o de las pérdidas, pero nunca quitemos nuestra mirada de la presencia victoriosa de Dios en todos nuestros asuntos.

Te doy gracias, Señor, porque puedo evitar la opresión asfixiante de un espíritu amargado abrazando tu ayuda amorosa y soberana en situaciones y encrucijadas difíciles. Te alabo porque me permites experimentar tu gozo en los mejores y en los peores tiempos. Tu gozo nunca mengua a causa de las circunstancias y tú lo das libremente a aquellos que ponen su confianza plena en ti.

Sobre El Autor

Charles Stanley

Charles Frazier Stanley (25 de septiembre de 1932, Virginia) es el pastor principal de la Primera Iglesia Bautista, en el norte de Atlanta, Georgia. Él es el fundador y presidente “Ministerios en Contacto”.
Stanley también sirvió dos períodos de un año como presidente de la Convención Bautista del Sur de 1984 a 1986.

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