Una de las mayores alegrías del ministerio pastoral es predicar la Palabra de Dios al pueblo de Dios todos los días del Señor, mañana y tarde. Sin embargo, también es uno de los mayores desafíos del ministerio pastoral. El desafío no está solo en la tarea amena y ardua de la preparación del sermón, ni en la tensión espiritual, emocional y fisiológica de predicar. El desafío también viene al exponer y aplicar cuidadosamente la Palabra de Dios a toda la congregación, a los creyentes maduros y a los nuevos creyentes, a los creyentes débiles en la fe y a los creyentes fuertes en la fe; a personas de varias razas, nacionalidades y antecedentes socioeconómicos; y para adultos y para niños. Estoy seguro que será un desafío predicar a la totalidad de nuestra congregación, siempre y cuando el Señor me sustente en el ministerio pastoral. Afortunadamente, he tenido la maravillosa oportunidad de ser asesorado por uno de los comunicadores más articulados de nuestros días, el Dr. R.C. Sproul. Muchos fieles pastores han tratado de seguir su ejemplo de predicación a la totalidad de la congregación.

Esforzarse por comunicar a todos en la congregación no es tarea fácil, y de principio a fin, los que predicamos descansamos en el Espíritu Santo para tomar la Palabra de Dios e inculcarla y aplicarla a los corazones de Su pueblo. Y es nuestra inquebrantable creencia de que el Espíritu Santo puede regenerar los corazones no solo de los adultos, sino también de los niños. Por lo tanto, nos esforzamos por comunicarnos tanto a jóvenes como a ancianos. En nuestra congregación, eso significa que los mayores siempre deben esforzarse por ser pacientes con los más jóvenes, y los más jóvenes siempre deben esforzarse por honrar a los mayores. Porque esta es una de las formas en que nuestros hijos crecen en madurez. Ciertamente queremos que los niños sean niños, pero no queremos que permanezcan comportándose niños. Queremos que crezcan para ser hombres y mujeres jóvenes que sean maduros en Cristo y maduren en todas las esferas de la vida.

Pablo le dijo al joven Timoteo: ” Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza”. (1 Timoteo 4:12). Incluso los creyentes más jóvenes pueden alcanzar y modelar la madurez emocional y espiritual, ya que la madurez no es una cuestión de edad. Algunos de los más jóvenes entre nosotros son los más maduros y algunos de los más viejos son los menos maduros. Tanto a jóvenes como a mayores, Dios llama a todos los Suyos a crecer como “hombres maduros, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13), y esto no es así para que las personas nos exalten, sino que exalten a nuestro Salvador resucitado y que regresará, a medida que nos esforzamos por vivir como creyentes maduros, mirando a Cristo, el autor y consumador de nuestra fe.


Traducción: Deborah Janine Suazo
Edición: Natalia Solorzano
Fuente: www.ligonier.org

Sobre El Autor

Burk Parsons

Burk Parsons sirve como pastor asociado en Saint Andrew’s, y es editor de la revista Tabletalk. Posee una Licenciatura en Estudios Bíblicos de Trinity College y el Master of Divinity de Reformed Theological Seminary, donde también está completando su título de Doctor en Ministerio. Habla regularmente en varias conferencias y escuelas en los Estados Unidos y en el extranjero y ha contribuido a varios libros y revistas. Es autor del próximo folleto ¿Por qué tenemos credos? (P & R, 2011). Él es editor de los libros Asegurado por Dios: Viviendo en la Plenitud de la Gracia de Dios (P & R, 2006) y Juan Calvino: Un Corazón para la Devoción, la Doctrina y la Doxología (Confianza de la Reforma, 2008). Él y su esposa, Amber, viven en Florida con sus niños.

Artículos Relacionados