LA PRÁCTICA CRISTIANA ES LA PRINCIPAL SEÑAL PARA LOS DEMÁS DE LA SINCERIDAD DE UNO QUE PROFESA SER CRISTIANO

La práctica cristiana es la principal señal por la cual hemos de juzgar la sinceridad de los que dicen ser cristianos. Las Escrituras son muy claras en esto. “Por sus frutos los conocereis” (Mateo 7:16). “O haced el árbol bueno y su fruto bueno, o hacedlo malo y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol” (Mateo 12:33). Cristo nunca dice: “Conocerás el árbol por sus hojas y sus flores. Conocerás los hombres por su forma de hablar, por sus relatos de sus experiencias, por sus lagrimas y expresiones emocionales.” ¡No! “Los conocerás por sus frutos. Un árbol se conoce por sus frutos.

Cristo nos dice que busquemos el fruto de la práctica cristiana en otros. También nos dice que debemos mostrar ese fruto a otros en nuestras propias vidas. “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que esta en los cielos” (Mateo 5:16). Cristo no dice, “Deje que su luz alumbre diciéndole a otros de sus sentimientos y experiencias.” Es cuando otros vean nuestras buenas obras que glorificaran a nuestro Padre en los cielos.

El resto del Nuevo Testamento dice lo mismo. Por ejemplo, en Hebreos leemos de los que fueron iluminados, gustaron del don celestial, etc… y recayeron (Hebreos 6:4-8). Después, en el versículo 9 dice: “Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación“. ¿Por que estaba tan confiado el autor de Hebreos de que su fe era real y que ellos no recaerían? Por su práctica cristiana. Vea el versículo 10: “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aun.

Encontramos la misma enseñanza en Santiago. “Hermanos míos, ¿de que aprovechara si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras?” (Santiago 2:14). Santiago nos esta diciendo que es inútil decir que tenemos fe si no la mostramos por nuestras buenas obras. Todo lo que decimos no vale nada si no esta confirmado por lo que hacemos. Testimonios personales, relatos de nuestros sentimientos y experiencias, todo queda sin valor, sin las buenas obras y sin la práctica cristiana.

En realidad esto nos lo dice el sentido común. Todos saben que las acciones hablan más fuerte que las palabras. Podemos aplicar el principio en el campo espiritual al igual que en el natural. Imagínese a dos personas. Una parece caminar humildemente ante Dios y los hombres, viviendo una vida que habla de un corazón penitente y contrito; es sumisa a Dios en la aflicción, mansa y benevolente para con su prójimo. La otra habla de lo humilde que es, lo convencida del pecado que se siente, como se postra en el polvo ante Dios, etc… Sin embargo, se comporta como si fuera la cabeza de todos los cristianos en su alrededor. Es dominante, creída, e incapaz de sobrellevar la critica. No demostramos nuestro cristianismo hablando de nosotros mismos a la gente. Las palabras poco cuestan. Es por la práctica cristiana, costosa y abnegada, que demostramos la realidad de nuestra fe.

Estoy dando por sentado, por supuesto, que esta práctica cristiana existe en una persona que dice ser creyente de la fe cristiana. Después de todo, lo que estamos probando es la sinceridad de los que dicen que son cristianos. Una persona no puede decir ser cristiana sin afirmar que cree ciertas cosas. No aceptaríamos, ni deberíamos aceptar, como cristiano, a ninguno que niegue las doctrinas cristianas esenciales, no importa lo bueno y santo que parezca. Junto con la practica cristiana, tiene que haber una aceptación de las verdades básicas del evangelio Estas incluyen creer que Jesús es el Mesías, que murió para satisfacer la justicia de Dios que era en contra de nuestros pecados, y otras doctrinas por el estilo. La práctica cristiana es la mejor prueba de la sinceridad y salvación de los que dicen que creen estas verdades, pero no prueba nada en cuanto a la salvación de quienes las niegan.

Solo agregaría lo que dije antes, que no hay apariencias externas que sean señales infalibles de conversión. La práctica cristiana es la mejor evidencia que tenemos de que un cristiano profeso lo sea en verdad. Nos obliga a creer en su sinceridad y a aceptarlo como hermano en Cristo. Aun así, no es una prueba 100% infalible. Para empezar, no podemos ver todo el comportamiento externo de una persona; mucho se encuentra escondido del mundo. Ni podemos mirar al corazón de una persona y ver su motivación. No podemos estar seguros de lo lejos que una persona no convertida pueda llegar en su apariencia externa del cristianismo. Con todo, si pudiéramos observar la practica de una persona al mismo grado que su propia conciencia, seria posible que sirviera de señal infalible de su condición. 

Sobre El Autor

Jonathan Edwards

Jonathan Edwards (5 de octubre de 1703-22 de marzo de 1758) fue un teólogo, pastor congregacional y misionero para los nativoamericanos durante la época colonial. Es conocido como uno de los más grandes y profundos teólogos protestantes en la historia de los Estados Unidos. Su obra tiene un alcance muy amplio, pero suele ser a menudo asociada con su defensa de la teología calvinista y el patrimonio puritano.

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