Una de las preguntas más comunes hechas por estudiantes de la Biblia es referente a la relación entre Israel y la iglesia. Leemos el Antiguo Testamento, y es evidente que en su mayoría está relacionada a la historia de Israel. Desde Jacob hasta el exilio, el pueblo de Dios es Israel, e Israel es el pueblo de Dios. A pesar del pecado constante del rey y el pueblo llevando al juicio del exilio, los profetas miraron más allá de este juicio, con esperanza a un tiempo de restauración para Israel. Cuando vamos al Nuevo Testamento, la misma historia continúa, e Israel aún aparece. Jesús es descrito como aquel a quién le será dado “el trono de su padre David” y aquel que “reinará sobre la casa de Jacob (Israel) por siempre” (Lucas 1:32-33). Él es presentado como Aquel que los profetas predijeron.

Los primeros en creer que Jesús es el Mesías prometido son los israelitas – Andrés, Pedro, Santiago y Juan. Pero en los Evangelios, también escuchamos a Jesús hablar sobre la construcción de su iglesia, y vemos la creciente hostilidad entre los líderes de Israel y Jesús. Escuchamos a Jesús hablar de destruir los labradores de la viña y dársela a otros (Lucas 20:9-18). En el libro de Hechos, la propagación del evangelio a los Samaritanos lleva aun a más conflictos con los líderes religiosos de Israel. Entonces, ¿Es Israel abandonado y reemplazado por esta nueva entidad conocida como la “iglesia”?

Hay aquellos que responderían “si”, pero la respuesta no es tan simple, porque también encontramos pistas que Dios no ha terminado con la nación de Israel. Al final de Su declaración de aflicciones sobre los escribas y Fariseos, Jesús dice, “Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mat. 23:39). En el discurso en el monte de los Olivos, Él habla de Jerusalén siendo hollada “hasta que los tiempos de los Gentiles se cumplan” (Lucas 21:24). En Hechos, Pedro le dice a la audiencia judía: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo” (Hechos 3:19-21). Finalmente, Pablo habla cosas acerca de Israel que parecen descartar el rechazo total. Hablando sobre Israel, él escribe, “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera” (Rom. 11:1a).

Para entender la relación entre Israel y la Iglesia como está descrito en el Nuevo Testamento, debemos revisar el asunto en el contexto de las diferentes respuestas que los Cristianos han dado con el paso de los años. La perspectiva dispensacionalista tradicional sostiene que Dios no ha reemplazado a Israel con la iglesia sino que Dios tiene dos planes en la historia, uno para la iglesia y uno para Israel. El dispensacionalismo tradicional también sostiene que la iglesia consiste solo de los creyentes salvos entre Pentecostés y el rapto. La iglesia como el cuerpo de Cristo no incluye a los creyentes del Antiguo Testamento. El dispensacionalismo progresivo ha modificado algunas de estas ideas, pero la perspectiva dispensacionalista tradicional continúa siendo muy popular. Algunos teólogos del pacto han adoptado una perspectiva que muchos dispensacionalistas describen como “teología del reemplazo.” Esta es la idea de que la iglesia ha reemplazado completamente a Israel. Los Judíos pueden aun ser salvos individualmente al venir a Cristo, pero la nación de Israel y los Judíos como pueblo ya no tienen parte en el juego de la historia redentora.

Un estudio cuidadoso del Nuevo Testamento revela que ambas interpretaciones acerca de la relación entre Israel y la iglesia son deficientes. La relación entre el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento y el pueblo de Dios en el Nuevo Testamento está mejor descrita en términos de un desarrollo natural en lugar de alguna separación o reemplazo. Durante la mayor parte de la era del Antiguo Testamento, hubieron principalmente tres grupos de personas: las naciones Gentiles, el Israel nacional, y el verdadero Israel (el remanente fiel). Aunque la nación de Israel estaba frecuentemente envuelta en la idolatría, apostasía, y rebelión, Dios siempre mantuvo para Si un remanente fiel – aquellos que confiaban en El y que no se arrodillaban ante Baal (1 Reyes 19:18). Este remanente, el verdadero Israel, incluía a hombres tales como David, Jonás, Isaías, y Daniel, y también mujeres como Sara, Débora, y Ana. Hubo aquellos que fueron circuncidados en la carne y un número más pequeño cuyos corazones fueron también circuncidados. Así que, incluso en el Antiguo Testamento, no todos los que descendieron de Israel fueron israelíes (Rom. 9:6).

En el tiempo del nacimiento de Jesús, el remanente fiel (el verdadero Israel) incluía creyentes tales como Simeón y Ana (Lucas 2:25-38). Durante el ministerio adulto de Jesús, el verdadero Israel era más visible en aquellos discípulos Judíos que creían que Jesus era el Mesías. Aquellos que rechazaron a Jesus no eran el verdadero Israel, sin importar su raza. Esto incluía muchos de los escribas y Fariseos. Aunque ellos eran físicamente Judíos, ellos no eran el verdadero Israel (Rom 2:28-29). El verdadero Israel se definió mediante la unión con el verdadero israelí – Jesucristo (Gal. 3:16, 29).
En el día de Pentecostés, el verdadero Israel, creyentes Judíos en Jesus, fue tomado por el Espiritu Santo y vino a ser parte del núcleo de la iglesia del Nuevo Testamento (Hechos 2). El Espiritu Santo fue derramado sobre el Israel verdadero, y los mismos hombres y mujeres que fueron parte de este Israel verdadero eran ahora la verdadera iglesia del nuevo pacto. Poco tiempo después, los Gentiles empezaron a ser parte de este pequeño grupo.

Este es un punto extremadamente importante de entender porque explica por qué hay tanta confusión concerniente a la relación entre la iglesia e Israel. La respuesta depende de si estamos hablando del Israel nacional o el verdadero Israel. La iglesia es diferente al Israel nacional, así como el verdadero Israel en el Antiguo Testamento era diferente al Israel nacional incluso siendo parte de éste. El grupo remanente era parte del todo pero podía distinguirse del todo por su fe.
Sin embargo, si hablamos acerca del verdadero Israel, realmente no hay diferencias. El verdadero Israel del Antiguo Testamento se volvió el núcleo de la verdadera iglesia en el día de Pentecostés. Aquí la analogía del olivo que Pablo utiliza en Romanos 11 es de ayuda. El árbol representa el pueblo del pacto de Dios – Israel. Pablo compara el Israel incrédulo con las ramas que han sido cortadas del olivo (v. 17a). Los creyentes Gentiles son comparados con las ramas de un olivo silvestre que han sido injertados en el olivo labrado (vv. 17b-19). El punto importante a notar es que Dios no tala el antiguo árbol y planta uno nuevo (teología del reemplazo). Tampoco Dios planta un segundo árbol al costado del árbol antiguo y luego injerta ramas del viejo árbol al nuevo árbol (dispensacionalismo tradicional). En vez de ello, el mismo árbol existe a lo largo de la división entre el Antiguo y Nuevo Testamento. Aquello que permanece después de que las ramas muertas son quitadas es el verdadero Israel. Los creyentes Gentiles son ahora injertados en este antiguo árbol que ya existe (el verdadero Israel/la verdadera Iglesia). Existe solo un buen olivo, y el mismo existe a lo largo de la división del pacto.

¿Qué significa esto para nuestro entender acerca de la relación entre la iglesia e Israel? Significa que cuando el verdadero Israel fue bautizado por el Espiritu en el día de Pentecostés, el verdadero Israel se convirtió en la iglesia del Nuevo Testamento. Entonces, hay continuidad entre el verdadero Israel y la iglesia. Esta es la razón que las confesiones Reformadas pueden hablar de la iglesia como existente desde el inicio del mundo (por ejemplo, la Confesión Belga, Art. 27). Incluso hay discontinuidad entre la iglesia y el Israel nacional también, así como había discontinuidad entre el remanente fiel y el Israel apóstata en el Antiguo testamento.

Romanos 11 y el futuro de Israel
Entonces, ¿qué significa para la nación de Israel, las ramas que han sido cortadas del verdadero Israel por su incredulidad? ¿Ha terminado Dios con su pueblo como entidad del pacto? Para responder esta pregunta, debemos ir al argumento de Pablo en Romanos 9-11.
En Romanos 1-8, Pablo negó que la salvación de los Judíos estaba garantizada basándose en sus privilegios peculiares como Judíos. La Fe era la llave, no la etnia u otro tipo de obra. Pablo argumentó que todos los que creen en Jesús son hijos de Abraham. El también argumentó que ninguna de las promesas de Dios fallaría. Todo esto generaría preguntas serias en las mentes de sus lectores. ¿Qué es de Israel? ¿Qué ha pasado con las promesas de Dios hacia éste a la luz de su rechazo al Mesías? ¿La infidelidad de Israel ha invalidado las promesas de Dios? ¿Israel ha sido desheredado? ¿Ha sido El plan de Dios, revelado a través del Antiguo Testamento, estropeado o dejado de lado? Pablo responde estas preguntas en Romanos 9-11.

Pablo empieza Romanos 9 con un lamento por Israel – sus “parientes según la carne” (v.3). El luego hace un recuento de todos los privilegios que aun pertenecen a Israel – incluyendo la adopción, los pactos, y las promesas (vv. 4-5). En los versículos 6-29, Pablo defiende la propuesta que el establece en el versículo 6a, específicamente, que la promesa de Dios no ha fallado. En los versículos 6-13, él explica que la elección colectiva de Israel nunca significó la salvación de cada descendiente biológico de Abraham: “no todos los que descienden de Israel son israelíes” (v. 6b). En los versículos 14-23, Pablo desarrolla esto, explicando que la salvación nunca fue un derecho natal basado en ascendencia biológica. Siempre ha sido un reglado basado en la elección soberana de Dios.
En Romanos 9:30-10:21, Pablo profundiza en el giro que ha tomado la historia redentora, concretamente, que mientras Israel se ha tropezado con Jesús, los Gentiles están ahora pasando al reino. Es importante observar que en Romanos 10:1, Pablo escribe, “Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.”. Él está hablando de Israel. El mismo hecho que Pablo puede continuar orando por la salvación del Israel incrédulo indica que él cree que la salvación es posible para ellos.

Lo que Pablo ha dicho hasta ahora plantea la gran pregunta, que ahora declara: “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera” (11:1a). Este es el tema esencial del capítulo 11. En los versículos 1-10, Pablo demuestra que Dios no ha rechazado a Israel al distinguir entre el “remanente” y los “endurecidos.” Basándose en lo que él ya ha dicho en 9:6-13 y 9:27, Pablo indica que así como en los días de Elías, ahora existe un remanente que cree (11:2-5). En contraste con el remanente, elegido por gracia (v.5), es “el resto”, la nación de Israel como un todo, que ha sido “endurecido” (v.7). Dios ha nublado el sentido espiritual de Israel (v.8), y ellos han tropezado (vv. 9-10).

Pablo luego pregunta, “¿Han tropezado los de Israel para que cayesen?” (11:11a) ¿Cuál es su respuesta? “En ninguna manera pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos” (v. 11b). ¿Cuál es la significancia presente del tropiezo de Israel? Pablo explica que esto ha pasado como un medio para traer una multitud de gentiles al reino. El endurecimiento de Israel está sirviendo para el propósito de Dios. Su transgresión ha servido como la ocasión para el otorgamiento de la salvación a los gentiles. Pablo declara, “Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?” (v.12, énfasis mío).
En los versículos 11-12, Pablo menciona tres eventos: la transgresión (o “defección”) de Israel, la salvación de los Gentiles, y la inclusión completa de Israel. La primera de éstas lleva a la segunda, y la segunda lleva a la tercera. La transgresión de Israel, en otras palabras, empezó un proceso que finalmente llevará nuevamente a la restauración de Israel. Este es el primero de los cinco lugares en este corto pasaje donde Pablo explica el propósito y futuro de Israel en términos de tres fases. Douglas Moo provee un resumen útil:

– Vv. 11-12: “transgresión de Israel” – “salvación para los Gentiles” – “su plenitud”
– V. 15: “su rechazo” – “reconciliación del mundo” – “su aceptación”
– Vv. 17-23: “ramas naturales desgajadas” – “ramas silvestres injertadas” – “ramas naturales” injertadas nuevamente
– Vv. 25-26: “endurecimiento de Israel” – “plenitud de los Gentiles” – “todo Israel será salvo”
– Vv. 30-31: desobediencia de Israel – misericordia para los Gentiles – misericordia a Israel
La ocurrencia repetida de este proceso de “tres fases” refuerza la idea que Pablo está esperando una futura restauración de Israel. La condición presente de Israel es descrita como “defección” y como “rechazo.” Pablo caracteriza la condición futura de Israel en términos de “inclusión plena” y su “aceptación.” Israel no está simultáneamente en la condición de “defección” y “completa inclusión,” de “rechazo” y “aceptación.” La “inclusión plena” vendrá después de la “defección.” La “aceptación” vendrá después del “rechazo.”
Pablo anticipa un potencial problema en los versículos 13-24. Los creyentes Gentiles quienes habían sido enseñados que eran ahora el pueblo de Dios podían ser fácilmente engañados en pensar que ésta era causa para jactarse en contra de los Judíos. En estos versículos, Pablo advierte contra tal jactancia. En Rom 11:16-24, Pablo explica el desarrollo de la historia redentora y el lugar de Israel en ésta al utilizar la analogía del olivo que discutimos líneas arriba. Aquí de nuevo, Pablo apunta las tres fases en la historia redentora: “ramas naturales desgajadas” – “ramas silvestres injertadas” – “ramas naturales” injertadas nuevamente.

La enseñanza de Pablo en los versículos 25-27 ha estado en el centro del debate concerniente a la interpretación adecuada del capítulo 11. Pablo escribe en el versículo 25: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles.” Aquí Pablo está aún hablando directamente a los Gentiles (ver v. 13). Él quiere que entiendan un “misterio.” En este contexto, el misterio envuelve el retorno de las expectativas Judías relacionadas a la secuencia de eventos del último tiempo. El “misterio” es que la restauración de Israel sigue a la salvación de los Gentiles.

En los versículos 26, Pablo continua la sentencia iniciada en el versículo 25: “y luego todo Israel será salvo.” El más grande debate aquí es el significado de “todo Israel.” Charles Cranfield lista las cuatro principales perspectivas que han sido sugeridas: (1) todos los elegidos, ambos Judíos y Gentiles; (2) todos los elegidos de la nación de Israel; (3) la nación entera de Israel, incluyendo cada miembro individual; y (4) la nación Israel como un todo, pero no necesariamente incluyendo a cada miembro individual. Dado a que Pablo repetidamente niega la salvación de cada israelí, podemos dejar de lado la opción (3).
Juan Calvino entendió que “todo Israel” en el versículo 26 significa todos los elegidos, ambos Judíos y Gentiles. Pablo utiliza este lenguaje en otros lugares en sus escritos. El problema con entender “todo Israel” en 11:26 en este sentido es el contexto. A lo largo de los versículos 11-25, Pablo consistentemente ha distinguido entre los Judíos y Gentiles. También tenemos que recordar que la preocupación de Pablo en estos capítulos es para su pariente conforme a la carne (9:1-5). Su oración en este contexto es para la salvación de la Israel incrédula (10:1). En Romanos 11:26, Pablo revela que la oración de 10:1 será respondida una vez que la plenitud de los Gentiles haya venido.

Otros teólogos Reformados, tal como O. Palmer Robertson y Herman Ridderbos, han argumentado que “todo Israel” se refiere a todos los elegidos de la nación de Israel a lo largo de la era presente. Como con la perspectiva que entiende que “todo Israel” es la iglesia, hay verdad en esta interpretación. Los Judíos que están siendo salvados en la era presente no son nada diferentes de los Judíos que deben ser salvados en el futuro. El problema con esta interpretación, como con la anterior, es que discrepa con el contexto inmediato. Como John Murray observa, “aunque es cierto que todos los elegidos de Israel, el verdadero Israel, serán salvos, esto es tan necesario y evidente que el afirmar lo mismo aquí no tendría relevancia particular a lo que es el interés gobernante del apóstol en esta sección de la epístola.” Pablo no está en angustia por la salvación del remanente. Ellos son ya salvos. Él está en angustia por el Israel incrédulo. Es este “Israel” por cuya salvación él ora (10:1), y es este Israel que él dice será salvo en el versículo 26.
La interpretación de “todo Israel” que mejor define el contexto inmediato es el que entiende “todo Israel” como la nación de Israel como un todo, pero no necesariamente incluyendo a cada miembro individual de la Israel étnica. Pablo continuamente contrasta a los Gentiles e Israel a lo largo del capítulo, y sigue haciéndolo así en la primera parte de la sentencia que estamos examinando (v. 25). No hay una razón contextual para asumir que Pablo cambia el significado del término Israel en el medio de la oración aquí. El “Israel” que será salvo (v. 26) es el “Israel” que ha sido parcialmente endurecido (v. 25). Este Israel parcialmente endurecido es diferente de los Gentiles (v. 25) y también es diferente del remanente actual de Judios creyentes, que no están endurecidos (v. 7).
Conclusión:

La relación entre Israel y la iglesia en el Nuevo Testamento no es siempre fácil de discernir, pero se puede entender si recordamos las diferencias entre el Israel nacional y el verdadero Israel en ambos el Antiguo y el Nuevo Testamento, y si tenemos en cuenta lo que Pablo enseña en Romanos 11, el actual endurecimiento de Israel tiene un propósito en el plan de Dios, pero este endurecimiento no es permanente. La restauración futura de la nación de Israel involucrará su reinserción al olivo, el único pueblo de Dios. La restauración de Israel significará el ser parte del “verdadero Israel” por fe en Jesucristo el Mesías.


Traducción: Mauro Arellano
Edición: Dario Sanabria
Fuente: www.ligonier.org

Sobre El Autor

Keith Mathison

Keith A. Mathison (nacido en 1967) es un teólogo estadounidense. Mathison es profesor de teología sistemática en Reforma Bible College en Sanford, Florida. Obtuvo un Ph.D. Del Whitefield Theological Seminary y es un editor asociado de la Reforma Study Bible.

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