Tu vida espiritual trata de motivaciones interiores. Trata sobre reinos. Trata sobre guerras. Es mucho más grande que la superficie cristiana a la que frecuentemente es reducida. Puedes leer tu Biblia cada día y la Biblia entera cada año y, aún así, vivir para ti mismo.

Puedes ser fiel en asistir a las reuniones programadas por tu iglesia y, aún así, vivir para tu pequeño reino. Puedes poner el dinero que ganaste con tanto esfuerzo en el plato de las ofrendas y, aún así, no vivir con la mirada puesta en el reino de Dios.

Puedes ser un experto en la teología de la Palabra de Dios y, aún así, reducir tu vida a lo que quieres y a lo que te dices que necesitas. Puedes participar en ministerios para los pobres y necesitados y, aún así, no vivir para un reino mayor.

Puedes hacer todas estas cosas y, aún así, la trayectoria de tu vida puede dirigirse al reino del yo y no al de Dios. El único ejemplo que se necesita para demostrar que la verdadera espiritualidad trata sobre algo más que los actos públicos y formales de religión son los fariseos.

Jesús dijo algo notable sobre la religión de los fariseos: “Porque les digo a ustedes que no van a entrar en el reino de los cielos a menos que su justicia supere a la de los fariseos y de los maestros de la ley” (Mateo 5:20). Había algo profundamente deficiente, algo que estaba faltando de forma trágica en la religión de los fariseos, causando que Jesús hablara de forma tan fuerte.

Su error es expresado en la siguiente acusación: ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Les cierran a los demás el reino de los cielos, y ni entran ustedes ni dejan entrar a los que intentan hacerlo… ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Dan la décima parte de sus especias: la menta, el anís y el comino. Pero han descuidado los asuntos más importantes de la ley, tales como la justicia, la misericordia y la fidelidad. Debían haber practicado esto sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos! Cuelan el mosquito pero se tragan el camello. ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Limpian el exterior del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de robo y de desenfreno. ¡Fariseo ciego! Limpia primero por dentro el vaso y el plato, y así quedará limpio también por fuera (Mateo 23:13, 23-26).

Las obras públicas religiosas de los fariseos no eran el resultado de una profunda devoción en sus corazones hacia Dios, y la obra de Su reino no era su motivación. No, ellos hacían estas cosas en la ausencia de esa devoción. Esto quiere decir que no lo hacían para Dios y Su reino en lo absoluto.

Lo hacían en lealtad a su propio reino, con el propósito de obtener poder personal y aclamación pública. Sus obras de justicia no eran justas porque no venían de corazones de adoración. El cristianismo verdadero siempre es una cuestión de la sumisión del corazón hacia Dios, algo que solamente la gracia salvífica puede producir.

Sobre El Autor

Paul David Tripp

Paul David Tripp es pastor, autor y conferencistas. Él es el presidente de los Ministerios Paul Tripp y trabaja para conectar el poder transformador de Jesucristo a la vida cotidiana. Esta visión ha llevado a Paul a escribir 17 libros sobre la vida cristiana, producir 14 series de enseñanza y viajar alrededor del mundo hablando en eventos. La pasión motriz de Paul es ayudar a la gente a entender cómo el evangelio de Jesucristo habla con esperanza práctica en todas las cosas que la gente experimenta en este mundo roto.

Artículos Relacionados