En 2 de Crónicas 20, vemos una ilustración de cómo podemos hacer esta guerra contra Satanás.

Allí leemos que una gran multitud vino contra el Rey Josafat; pero él hizo lo correcto cuando enfrentó a tantos enemigos. Él hizo que toda la nación de Judá buscara a Dios en ayuno y oración. Entonces él oró a Dios reconociendo su debilidad, su incapacidad y su fe.

Él dijo: “¡Oh Dios nuestro! ¿No los juzgarás Tú? Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos” (Versículo 12). Éste es el secreto de toda oración eficaz: Reconocer nuestra debilidad, nuestra incapacidad y confiar completamente en Dios para luchar la batalla por nosotros.

Jesús describió a “los elegidos” (La iglesia) como una viuda pobre, indefensa y anciana que tiene que luchar contra un enemigo fuerte, sin ayuda de recursos humanos (Lucas 18: 1-7) Sólo cuando reconocemos nuestra debilidad podemos depender del Señor. Sólo entonces podemos ejercer la fe. Dios maldice a aquellos quienes se apoyan en recursos humanos, en aridez. Él ha dicho “Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo y su corazón se aparte de Jehová. Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada” (Jeremías 17:5) Muchos, de manera constante son derrotados por el pecado, y son vencidos por Satanás, sólo porque son fuertes en sí mismos.

Ellos tienen opiniones fuertes sobre todos y, sobre todo, hablan palabras irritantes, y son rápidos para juzgar a otros. Dios abandona a tales creyentes y nunca llegan a ser vencedores. Aquellos quienes discuten y contienden ciertamente no son débiles e impotentes. Son fuertes, y por lo tanto son blancos fáciles para Satanás, porque el enemigo siempre gana la batalla con los que discuten. Así ganó la batalla con Eva en el Edén. Por lo tanto, no entres en una discusión con tu marido o tu esposa, o con cualquier persona, porque nunca ganarás. Siempre es el Diablo quién ganará en tales casos.

Aquellos que toman venganza de otros, también demuestran que son personas fuertes, capaces de manejar sus propios problemas. ¡La viuda débil necesita implorar con el juez (Lucas 18:2), pero la gente fuerte no! ¡Se pelean! Otros son fuertes porque sus cuentas bancarias son grandes, o porque sus empleados pueden confiar en que fielmente se les pagará el primero de cada mes. Su confianza no está en Dios, sino en el hombre. Y así son áridos. Sólo cuando llegamos al final de nuestros recursos, Dios trabaja para ayudarnos. Jesús esperó hasta que Lázaro estuviera muerto, cuando había perdido todas sus fuerzas, antes de venir a ayudarlo. Él espera en lo alto, incluso hoy, para que podamos llegar al mismo punto muerto.

Josafat confesó que no sabía qué hacer, y esa es una buena confesión para hacer, porque Dios ha prometido dar sabiduría a todos aquellos que reconocen su falta de ella. Pero tenemos que pedirlo con fe (Santiago 1: 5 y 6). Y eso fue lo que Josafat hizo. No sólo reconoció su impotencia y su falta de sabiduría, sino que concluyó su oración con una expresión de absoluta confianza en Dios. Él dijo “Y a Ti volvemos nuestros ojos”. En otras palabras, le estaba diciendo a Dios “Esperamos en Ti para que obres en nuestro nombre”

¡Y DIOS LO HIZO!


Traducción: Sarahi Canche
Edición: Lupita Anaya
Fuente: www.sermonindex.net

Sobre El Autor

Zac Poonen

Zac Poonen, nacido en Nueva Delhi en 1939, profesor bíblico indio y líderes de la iglesia cristiana, Zac Poonen fue anteriormente un oficial naval indio que ha estado sirviendo al Señor en la India durante los últimos 40 años como maestro de la Biblia y anciano que tiene la responsabilidad de varias iglesias.
Ha escrito varios libros y artículos en inglés que también han sido traducidos en otros idiomas de la India, Entre las personas que lo influyeron están DLMoody, Jessie Penn-Lewis, Watchman Nee, AWTozer, entre otros.

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