“Discurso en Base a Isaías 3:10-11”

Hay más que una perfecta unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Ambos nos revelan al Dios vivo y verdadero, ambos traen ante nosotros el precioso, adorable Mediador entre Dios y el hombre, el Señor Jesucristo, ambos nos dicen que a través de la fe en el Mesías, los pecadores son justificados. De igual manera, ambos traen la íntima conexión entre la santidad y la felicidad. Es este último punto el especial para el tema de nuestra meditación en esta tarde. “Decid al justo que le irá bien con Él”. ¿Qué hemos de entender por el justo? Romanos 3:20-26 nos muestra claramente lo que debemos saber: “Aquellos que han puesto su confianza en Nuestro Señor Jesucristo para la salvación de sus almas, después de haber sido llevados a mirarse a sí mismos con la necesidad de un Salvador, y teniendo adelante una condena en sí mismos. Estos son considerados justos por Dios y son capaces de actuar en un pequeño grado de acuerdo a la mente de Dios. Porque a través de la fe en Jesús, ellos se renuevan, nacen de nuevo, obtienen una vida espiritual y ya no están muertos en sus delitos y pecados”

Ahora, de estos se dice “Será el bien de los justos”. A causa de la íntima conexión entre la santidad y la felicidad es que podemos ver esta declaración. A medida que se siembra, es lo que se está cosechando; si se siembra para el Espíritu (Gálatas 6:8) cosecharán ahora del Espíritu en una medida abundante, y en la otra vida plena y por toda la eternidad esta cosecha será próspera. Hagamos notar una particular noticia: “Decid”, Esta verdad no se mantiene oculta, sino que es publicada a lo largo y lo ancho; que no es una cosa vana el vivir para Dios. Y, por otro lado, también dice: “¡Ay del impío! Mal le irá, con Él”. Esta es la voluntad de Dios, dando a conocer por un lado la aprobación de los que se han juzgado a sí mismos, y por el otro; una advertencia a los impíos, de modo que al final de todo, no tendrán ninguna excusa.

Además tenemos que notar que se dice aquí: “Comerán de los frutos de sus manos”. Pero nunca hemos de olvidar que en esa época, esto es sólo una medida. Tenemos que caminar por fe y no por vista y para nuestro aliento echar mano de las bendiciones en la eternidad. Y debido a que algunos olvidan esto ellos se desalientan en gran manera porque ellos están cosechando sólo una parte. Ahora, cuando nos fijamos en la vida de los hombres santos, encontramos una verdad que aquí se ilustra: Mira a José, Mardoqueo, Daniel, etc. Había grandes dificultades relacionadas con la vida de Daniel, la vida de Mardoqueo, grandes dificultades relacionadas con la carrera de José, sin embargo, vemos cómo Dios trató con ellos e hizo manifiesto que Él estaba cuidando a Su pueblo, que Sus ojos estaban con ellos, que Él no los dejaría en manos de los impíos, pero a su debido tiempo Él los libraría de sus dificultades. Mire la bendición final de Enoc, a quién Dios tomó con Él mismo, sin dejar que pase a través de la condición de muerte. Mira a Moisés, Elías y otros. Y en el Nuevo Testamento recuerda a Juan y Pedro, que paz y alegría tenían en el Señor Jesús, y como Dios los usó para bendecir a los impíos y para bendecir a Sus hijos aunque no estaban entre los grandes, los ricos o los poderosos de este mundo, y aunque tenían grandes dificultades, Dios continuamente estaba con ellos. Y Dios los señala para nuestro ánimo, y aunque apenas caminamos por sus pasos en lo que encontramos en la presente época; que bendición es pertenecer a los justos.

Entonces, qué bendición es pertenecer a los justos, porque la culpa es removida de la conciencia. En nuestro estado natural, ya sea que lo veamos o no, descansa en nosotros y no podemos deshacernos de la carga hasta que por la fe en el Señor Jesús nacemos de nuevo, somos Hijos de Dios, y nos lleva a la santa y piadosa determinación de buscar a partir de ahora agradar a Dios, y no vivir para nosotros mismos. Ahora vemos aquí la bendición que tienen los justos en esta vida; ser capaz de mirar a Dios sin miedo o terror, a causa de una conciencia culpable.

¿Es la condición en la que están todos aquí? Es mía esa condición, por la gracia de Dios, a pesar de que he sido culpable de diez mil pecados, la carga se ha ido a través de la fe en el Señor Jesucristo. Esta es una de las bendiciones que tenemos, que uno es capaz de mirar hacia el final del camino sabiendo que es un pecador perdonado, de innumerables transgresiones hemos sido perdonados, saber que uno es hijo de Dios por la fe en Cristo.
¡Oh, cuán precioso! Y este es el privilegio de todos los que creen, no de los que simplemente son fuertes en la fe y bien instruidos en las cosas de Dios, o que han tenido una gran cantidad de experiencia de la vida espiritual o que han trabajado para el Señor muchos largos años. ¡No! Es el bendito privilegio de los niños más pequeños y jóvenes de Dios, aunque débil y frágil, si su fe sólo es apoderarse de Él. Ah, la bienaventuranza de esto, ya no ser un hijo de ira, desobediente; sino el ser un hijo de Dios y que por toda la eternidad, una vez regenerados serán siempre hijos de Dios, aunque a través de su estado de salud no se pueda ver su interés en Cristo, sin embargo, Dios ve la sangre en la que usted descansa, Dios ve que usted echa la mano en Cristo, y Dios lo recuerda para siempre y por siempre. Y cuando miramos al final de la jornada; ¿Qué es lo que nos espera? Plena, completa redención en cuanto al cuerpo. Tendremos un cuerpo glorificado y redimido, como el Señor Jesús ha tenido desde Su resurrección, y no será objeto de debilidad y cansancio, el dolor y el sufrimiento dejarán de estar sometidos a la enfermedad y muerte, y en este cuerpo glorificado continuaremos sirviendo a Dios por toda la eternidad. ¡Ah, cuán grande privilegio es el tener un cuerpo glorificado! Y esto viene como el fruto de creer en el Señor Jesucristo.

Ahora, pensemos (aunque a menudo he traído este punto ante los amados hermanos y hermanas) ¡el ser capaces de trabajar sin descansar sin una partícula de cansancio! Actualmente solo podemos trabajar 6, 8, 10 horas, o tal vez catorce, si uno es fuerte, pero al final llega sobre nosotros mayor cansancio; pero cuando tengamos cuerpos glorificados hemos de ser capaces de seguir trabajando día tras día por 24 horas (hablando a la manera de los hombres) por los siglos de los siglos, nunca estando cansados o requiriendo reposo, también pasando año tras año, trabajando cien miel años, después cien años más, siempre de una manera vigorosa, tan fresca y fuerte, y si alguna diferencia vamos a tener, será el crecer espiritualmente más y más fuerte; por todos los cientos y millones de años que pasarán de largo en la eternidad; es por así decirlo, solamente el inicio. Y durante todo este tiempo hemos estado cosechando, cosechando, y cosechando los frutos de este tiempo. Y no sólo se dispondrá de un cuerpo glorificado, sino que hemos de ser perfectos como Cristo, porque le veremos tal como Él es; cuando ante nosotros no venga solamente como un juez de impíos, sino como un Amigo, Hermano, Novio, Sumo Sacerdote, Quién ya no espera a la diestra de Dios, sino que viene a llevarnos a Él.

Nota: Un sermón predicado en Alma Road, Bristol la noche la noche del domingo 26 de Junio de 1887 por George Müller  (sola esta parte de la nota fue encontrada)

 


Traducción: Sarahi Canche
Edición: Dario Sanabria
Fuente: www.christbiblechurch.org

Sobre El Autor

George Müller

Predicador El fundador del Orfanato Ashley Down, en Bristol, Inglaterra, George Müller, nació en Prusia el 17 de septiembre de 1805. En su juventud, vivió una vida sin Dios, pero a la edad de veintiún años se convirtió súbitamente a Dios estando en una reunión de oración en la casa de un consagrado hombre de negocios. Poco después vino a Inglaterra, sin cartas de presentación, sin dinero, sin nombre, sin recomendaciones y con un conocimiento muy deficiente del idioma inglés. ¿Qué, entonces, trajo consigo? Trajo consigo a Dios. Poco después de haber arribado, escribió en su diario: "Mi vida entera será un servicio para el Dios viviente." Sus principios estaban profundamente enraizados en las Sagradas Escrituras, y se aferró a ellos durante toda su larga vida. Nunca le pidió ayuda a nadie y nunca insinuó que necesitara ayuda. Exclusivamente en respuesta a las oraciones de fe, recibió más de un millón y medio de libras esterlinas (7.500.000 dólares) para la construcción y el mantenimiento del "Orfanato de Dios", para sus empresas misioneras y para la distribución de las Escrituras. En el orfanato, conocido como "sus hogares", fueron acogidos, capacitados, educados y enviados a vivir su vida, decenas de miles de huérfanos indigentes En su ancianidad viajó casi doscientas mil millas en cuarenta y dos países, predicando el Evangelio a tres millones de oyentes. Habiendo servido a Dios en su época y generación, su espíritu, como el de Moisés, fue llevado por Jehová, encontrándose solo en su habitación, temprano en la mañana del 10 de marzo de 1898. Tenía noventa y tres años. "Vida te demandó, y dístele largura de días por siglos y siglos" (Sal. 21:4).

Artículos Relacionados