Mientras las Islas del Caribe sanean lo que ha sido nombrado uno de los huracanes más poderosos del Atlántico, Florida se prepara ahora para el impacto. El gobernador del estado, Rick Scott, llama al huracán Irma,”mucho más grande que Andrew”, que fue el devastador huracán que azotó al estado hace 25 años. Y con una tormenta tan grande vienen grandes peligros, y enormes incertidumbres, y grandes temores acerca de lo que le ocurrirá al estado este fin de semana y hasta la próxima semana. Mientras tanto, la ciudad de Houston continúa las labores de limpieza debido a la devastación provocada por el huracán Harvey. Y los huracanes José y Katia se están moviendo en el mar mientras hablamos. En estos momentos, es justo que nos dirijamos a nuestro Dios en la oración. Y eso es exactamente lo que John Piper fue llevado a hacer hoy. Aquí está ahora la oración de John Piper por las víctimas del huracán en Texas, Florida, el Caribe y otros lugares.
 
Oh Señor, Dios poderoso y misericordioso, te imploramos misericordia en medio de las manifestaciones de tu gran poder. Estamos pidiendo, por el amor de Jesús. No porque merezcamos algo mejor que una calamidad. Sabemos que hemos pecado. Hemos cambiado el gran tesoro de tu gloria por baratijas. No te hemos amado con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza. Hemos sembrado el viento, y cosechado el torbellino. Estamos suplicando misericordia.
 
No hacemos demandas. Tú eres Dios, y nosotros no. Estamos inclinados a someternos a tu justo y soberano poder. Ciertamente, nos postramos ante el viento imparable de tu justicia y sabiduría.
Sabemos que tú, Señor, eres grande. Hagas lo que hagas, haces lo que quieras, en el cielo y en la tierra, en los mares y en todas las profundidades. Haces que las nubes se levanten en los confines de la tierra. Traes el viento de sus bodegas.
 
Tú has mandado y levantado el poderoso viento, y él ha levantado las olas del mar. Las inundaciones se han levantado, oh Señor. Has tendido las pieles de agua de los cielos.
Nos arrastra como una inundación. Matas y vivificas, hieres y sanas, y no hay quien pueda librarse de tu mano. Te sientas entronado sobre el diluvio, entronizado como Rey para siempre.
 
Somos como un sueño, como el polvo barrido de la calle en un torrente.
Pero tú, oh Dios, eres más poderoso que los estruendos de muchas aguas, más poderoso que las olas del mar. Es nuestro peligro y nuestra esperanza que Tu puedes hacer todas las cosas, y ningún propósito tuyo puede ser frustrado.
 
Oh Señor, no duermas en esta tormenta. Oh Señor, que no nos desborde el diluvio, ni que la profundidad nos trague. ¡Levántate! Y haz lo que sólo TÚ puedes hacer entre estos vientos y olas. Rebócalos, como lo hiciste una vez. Cuando hayan hecho vuestro sabio y necesario trabajo, no les permitas ni un minuto más de fuerza. Ordénales, oh Cristo, que cesen, te lo pedimos. Y da una santa calma. Porque tú eres Dios, todas las cosas son tus servidumbres.
 
Y danos oídos, oh Dios. Tu voz, oh Señor, está sobre las aguas; el Dios de gloria truena, el Señor, sobre muchas aguas. La voz del Señor es poderosa; la voz del Señor está llena de majestad. Oh Dios, no permitas que no prestemos atención.
Abre nuestros oídos, tú que una vez llevaste a Job al humilde silencio, anunciando desde el torbellino quiénes eres, y que, cuando todo está perdido, la historia entonces se revela que en ella todo tu propósito era compasivo y bondadoso.
 
Ya sea que nos sentemos en el fondo del agua de nuestras casas de Texas, o que esperemos, inseguros, con mantas en un banco de iglesia, o clavemos la madera laminada en nuestra tienda de Florida, o nos sentemos seguros y secos a miles de kilómetros de cualquier mar, que la misericordia nos enseñan, lo que necesitamos aprender, y no podemos de otra manera.
 
Ay de nosotros que, lejos de las inundaciones, señalamos con el dedo al que sufre y nos maravillamos de su pecado más grande, olvidando cómo suena la voz de Jesús en cada tragedia:”¿Piensas que fueron los peores ofensores? No, os lo digo yo; pero si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente:”La misma palabra de Dios a todos los americanos.
 
Y ahora, oh Señor, desata la gracia común de la bondad de un millón de corazones generosos, y concédenos la misma misericordia en la reconstrucción como una vez diste veredicto para destruir. Restringe, oh Dios, los corazones malvados de aquellos que llevarían el dolor a la tristeza saqueando lo que queda atrás, o explotando la pérdida para beneficio propio.
 
Y en tu iglesia despierta esto: la verdad que una vez te diste a ti mismo por nosotros para que pudiéramos ser redimidos, no primero de las inundaciones, sino del pecado y de la iniquidad. Que una vez moriste, no primero para sacarnos del peligro, sino para hacernos puros. No primero para evitarnos la miseria, sino para hacernos celosos de las buenas obras. Y así, oh Cristo todopoderoso, desata de nosotros otro diluvio la pasión comprada con sangre de tu pueblo no para arruinar, sino para reconstruir vidas y hogares.
 
—Oh, ¿no eres nuestra roca? Nuestro Dios en quien nos refugiamos, nuestro escudo y el cuerno de nuestra salvación, nuestra fortaleza. Cuán grande es la caída de toda vida construida sobre la arena de la habilidad humana!
Y sin embargo, ¡qué grande es el don seguro y sólido que se ofrece a todos en Cristo! Porque tu lo has has dicho más maravillosamente de lo que podríamos decir:¨
¿Quién entonces nos separará del amor de Cristo? ¿Habrá tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada – o viento, u olas? Como está escrito:”Por tu causa somos muertos todo el día; somos considerados como ovejas que han de ser sacrificadas;” No, en todas estas cosas somos más que vencedores por tu gran amor por nosotros.
Porque tú nos has hecho decir con profunda seguridad: Ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los príncipes, ni lo presente ni lo por venir, ni las potestades, ni la altura ni la profundidad, ni los huracanes ni las inundaciones, ni ninguna otra cosa en toda la creación, podrán separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús Señor nuestro.
 
Y todo en el Nombre de Jesús,
Amén.


Traducción: Jorge Ortiz
Fuente: www.desiringgod.org

Sobre El Autor

John Piper

John Piper nacio el 11 de Enero de 1946, Tennessee, Estados Unidos es un predicador, evangelista, autor, escritor Calvinista y sirvió como pastor en la iglesia Bautista de Bethlehem en Minneapolis, Minnesota durante 33 años. estudió Literatura y Filosofía en Wheaton College. Después de la Universidad, completó una Licenciatura en Teología en el Seminario Teológico Fuller, en Pasadena California. Fue a través de Daniel Fuller que descubrió los escritos de Jonathan Edwards. John Piper hizo un doctorado en Estudios del Nuevo Testamento, en la Universidad de Munich, Alemania. John Piper ha escrito cuantiosos libros como: La Supremacia de Cristo, Pacto Matrimonial, Los Peligros del Deleite, No Desperdicies Tu Vida, etc

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