Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección
1 Tesalonicenses 1:4

Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás.
2 Pedro 1:10

Los textos que encabezan esta página contienen una palabra de peculiar interés. Es una palabra que está frecuentemente en las mentes de los hombres y en las bocas de los hombres, desde un extremo de Gran Bretaña hasta el otro. Esa palabra es “Elección”.

Hay pocos ingleses que no saben cosa alguna de la elección general del Parlamento. Muchos son los males que salen a la superficie en esos momentos. Malas pasiones son convocadas. Viejas rencillas son desenterradas, y nuevos son plantados. Se hacen promesas, como tapa de tarta, sólo para ser cortados. La falsa profesión, mentira, embriaguez, intimidación, opresión, adulación abundan por todos lados. Ningún otro momento, quizás, la naturaleza humana hace muestra de tal pobre exhibición de sí mismo como en una elección general.

Sin embargo, sería justo examinar todos los aspectos de una elección del Parlamento. No hay nada nuevo, o peculiarmente inglés, sobre sus males. En cada era, y en cada parte del mundo, el corazón humano es prácticamente el mismo. Nunca ha habido hombres dispuestos que deseen persuadir a otros de que no están tan bien gobernados como ellos deberían estar, y que ellos mismos son los más aptos gobernantes que podrían encontrar. ¹

Miles de años antes de que Cristo naciera la siguiente imagen fue dibujada por la infalible mano del Espíritu Santo:

“Y se levantaba Absalón de mañana, y se ponía a un lado del camino junto a la puerta; y a cualquiera que tenía pleito y venía al rey a juicio, Absalón le llamaba y le decía: ¿De qué ciudad eres? Y él respondía: Tu siervo es de una de las tribus de Israel. Entonces Absalón le decía: Mira, tus palabras son buenas y justas; mas no tienes quien te oiga de parte del rey. Y decía Absalón: ¡Quién me pusiera por juez en la tierra, para que viniesen a mí todos los que tienen pleito o negocio, que yo les haría justicia! Y acontecía que cuando alguno se acercaba para inclinarse a él, él extendía la mano y lo tomaba, y lo besaba.” (2 S. 15:2-5).

Cuando leemos este pasaje debemos aprender a no juzgar nuestras propias épocas con demasiada severidad. Las perversidades que vemos no son ni peculiares ni nuevas.

A fin de cuentas, nunca debemos olvidar que la elección popular, con todos sus males, es mucho mejor que una forma absoluta de gobierno. Vivir bajo el dominio de un tirano absoluto, que no permite a nadie pensar, hablar, o actuar por sí mismo, es una miserable esclavitud. Por el bien de la libertad debemos soportar todos los males que acompañan la reaparición de los miembros del Parlamento. Debemos hacer consciencia de todos nuestros deberes, y aprender a aguardar un poco de cualquier parte. Si aquellos que apoyamos tienen éxito, no debemos pensar que todo lo que ellos hagan será correcto. Y si aquellos a los que nos oponemos tienen éxito, no debemos pensar que todo lo que ellos hagan será incorrecto. Aguardar un poco de cualquier gobernante terrenal es uno de los más grandes secretos del contentamiento. Orar por todos los que están en autoridad, y juzgar todas sus acciones caritativamente, es uno de los deberes principales del cristiano.

Pero hay otra Elección, el cual tiene mucha más importancia que cualquier elección del Parlamento, una Elección cuyas consecuencias permanecerán, aun cuando la Reina, los Señores, los Comunes hayan fallecidos, una Elección que concierne a todas las clases, el más bajo, así como el más alto, las mujeres, así como los hombres. Es una Elección que la Escritura llama “la Elección de Dios”.

Les pido a los lectores de este artículo que me concedan su atención durante unos minutos, mientras trato de anteponerlos al tema de la Elección. Créanme, afecta más profundamente tu felicidad eterna. Si ustedes están en el Parlamento o no, si votan o no, si están en el bando ganador o no, todo esto importará muy poco dentro de cien años. Pero importará grandemente si usted está en el número de los “Elegidos de Dios”.

Al tratar el tema de la Elección, hay solamente dos cosas que me propongo hacer:

1. En primer lugar, expondré la doctrina de la Elección, y mostraré que es.
2. En segundo lugar, discutiré el tema con precaución, y protegerlo contra el abuso.

Si puedo hacer de estos dos puntos claros y simples a las mentes de todos los que leen estas páginas, creo que habré hecho a sus almas un gran y esencial servicio.

1. La Doctrina de la Elección. ¿Qué es?
En primer lugar, tengo que exponer la doctrina de la Elección. ¿Qué es? ¿Qué significa? Las declaraciones precisas sobre este punto son de gran importancia. Ninguna doctrina de la Escritura, probablemente, ha sufrido tanto daño de las concepciones erróneas de los enemigos, y las descripciones incorrectas de amigos, como la que está ahora ante nosotros.

La verdadera doctrina de la Elección que considero cierta es como lo siguiente. Le ha placido a Dios desde la eternidad escoger a ciertos hombres y mujeres de la humanidad, quienes, por Su consejo secreto, Él ha decretado salvar por medio de Jesucristo. Ninguno es finalmente salvado excepto aquellos que son elegidos. De ahí que la Escritura le da al pueblo de Dios en varios lugares los nombres de “Elegidos de Dios,” y la elección o nombramiento de ellos a la vida eterna es llamado “Elección de Dios”.

Aquellos hombres y mujeres quienes a Dios le ha complacido escoger desde la eternidad, Él los llama a su tiempo, por la obra de Su Espíritu a su debido momento. Él los convence de pecado. Él los guía a Cristo. Él obra en ellos arrepentimiento y fe. Él los convierte, los renueva y los santifica. Él los guarda por Su gracia de caer totalmente, y finalmente los lleva a salvo a la gloria. En resumen, la Elección eterna de Dios es el primer eslabón de la cadena de la salvación del pecador del cual la gloria celestial es el final. Nadie nunca se arrepiente, cree y nace de nuevo, excepto los Escogidos. La causa primaria y original del ser de un santo lo que es, es la eterna elección de Dios.

La doctrina aquí expuesta, sin duda alguna, es peculiarmente profunda, misteriosa, y difícil de entender. No tenemos ojos para comprenderla por completo. No tenemos ninguna manera de entenderla completamente. Ninguna parte de la religión cristiana ha sido disputada, rechazada y denigrada tanto como esta. Ninguna ha provocado un exceso de esa enemistad contra Dios que es la gran marca de la mente carnal. Miles de los así llamados cristianos profesantes creen en la expiación, la salvación por gracia, y la justificación por la fe, y aun así rechazan considerar la doctrina de la elección. La sola mención de la palabra para algunas personas es suficiente para provocar expresiones de enojo, mal humor y cólera.

Pero, después de todo, ¿Está la doctrina de la elección explícitamente expresada en la Escritura? Esta es la pregunta que todo cristiano honesto tiene que hacerse. Si no está en el Libro de Dios, que sea descartada, desechada, y rechazada por siempre, no importa quien la plantee. Si está allí, recibámosla con reverencia, como parte de la revelación Divina, y con humildad creámosla, incluso cuando no seamos capaces de entenderla y explicarla totalmente. Entonces, ¿Qué está en la Escritura? “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.” (Is.8:20). ¿Está la Elección en la Biblia, o no? ¿Habla la Biblia de ciertas personas como Escogidas de Dios, o no?

Escucha lo que nuestro Señor Jesucristo dice: “Por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados (Mt.24:22).” “Para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos (Mr.13:22).” “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos (Mt.24:31).” “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos? (Lc.18:7).”

Escucha lo que el apóstol Pablo dice: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó (Ro.8:29-30).” “¿Quién acusará a los escogidos de Dios?” (Ro.8:33). “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo” (Ef.1:4). “Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Ti.1:9). “Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad” (2 Tes.2:13).

Escucha lo que el apóstol Pedro dice: “Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo” (1 Pe.1:2). “Procurad hacer firme vuestra vocación y elección” (2 Pe.1:10).

Coloco estos once textos ante mis lectores, y les pido que los examinen bien. Si las palabras tienen algún significado preciso, estas me parecen enseñar más claramente la doctrina de la Elección personal. Ante tales textos no me atrevo a negar creer que es una doctrina Escritural. No me atrevo, como un hombre honesto, a cerrar mis ojos contra el sentido claro y obvio del lenguaje de la Biblia. Una vez que empezara a hacerlo, no debería tener ningún motivo para depender en presionar el Evangelio en un hombre inconverso. No podría esperar de él que crea un conjunto de textos que son verdad, si yo no creí el otro conjunto. Los once textos citados arriba le manifiestan a mi mente demostrar de forma concluyente que la Elección personal es una doctrina de la Escritura. Como tal debo recibirla, y debo creerla, sin importar cuán difícil pueda ser. Como resultado le pido a mis lectores este día a considerarla con calma, que la determinen seriamente, y la reciban como verdad de Dios.

Después de todo, sin importar lo que al hombre les pueda complacer decir, no se puede negar que la elección de algunos hombres y mujeres a la salvación es una simple cuestión de hechos. Que no todas las profesiones cristianas son irrevocablemente salvas, sino solo algunas, que aquellos quienes son salvados deben su salvación enteramente a la libre gracia de Dios y al llamamiento de Su Espíritu, que ningún hombre puede en lo absoluto explicar porque algunos son llamados a la salvación y otros no son llamados, todas estas cosas el cual ningún cristiano que mire alrededor de él puede pretender por un momento negar. Sin embargo, ¿Qué hace que todo esto venga sino de la doctrina de la Elección?

Las perspectivas correctas de la naturaleza humana son inevitables al guiarnos a la misma conclusión. Una vez que admitamos que todos estamos naturalmente muertos en delitos y pecados, y no tenemos ninguna capacidad para volvernos a Dios, una vez que admitamos que toda vida espiritual en el corazón del hombre debe comenzar con Dios, una vez que admitamos que Él que creó el mundo al decir: “Sea la luz”, debe brillar en el corazón del hombre, y crear luz dentro de él, una vez que admitamos que Dios no ilumina todas la profesiones Cristianas de esta manera, sino solo algunas, y que Él actúa enteramente en esta materia como Soberano, no dando ninguna cuenta de Sus asuntos, una vez que admitamos todo esto, y luego ver donde tú estás. ¡Ya sea que lo sepas o no, tu admites toda la doctrina de la Elección!

Las perspectivas correctas de la naturaleza y carácter de Dios, como está revelado en la Biblia, me parece traernos a la misma posición. ¿Creemos que Dios conoce todas las cosas desde toda la eternidad, que gobierna todas las cosas por medio de Su providencia, que incluso ningún pajarillo cae a tierra sin Él? ¿Creemos que Él hace todas Sus obras según un plan, como un arquitecto de conocimiento perfecto, y que nada con respecto a Sus santos, como su obra más selecta y excelente, es dejada al azar, a la casualidad o a la suerte? Bueno, si creemos todo esto, creemos la totalidad de la doctrina que este artículo está destinado a apoyar. Esto es la doctrina de la Elección.

Ahora, ¿Qué se puede decir en respuesta estas cosas? ¿Cuáles son las principales armas de argumentos con las cuales la Elección es atacada? Vamos a ver.

Algunos nos dicen que no hay tal cosa en la Escritura como una Elección de personas e individuos. Tal Elección, dicen ellos, sería arbitraria, injusta, no equitativa, parcial y cruel. La única Elección que ellos admiten es una de naciones, iglesias, comunidades, tal como Israel en tiempos antiguos, y naciones cristianas, en comparación con las naciones paganas, en nuestros días. Ahora, ¿Hay alguna cosa en esta objeción que lo respalde? Creo que no hay nada en lo absoluto. Para empezar, la Elección de la que se habla en la Escritura es una Elección asistida por la influencia santificadora del Espíritu Santo. Esto ciertamente no es la Elección de naciones. Por otro lado, el apóstol Pablo hace una distinción clara y fuertemente reducida entre Israel mismo y la Elección. “Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado” (Rom.11:7). Por último, y no menos importante, los defensores de la teoría de la Elección nacional no consiguen nada por ella. ¿Cómo pueden explicar las retenciones de Dios del conocimiento del cristianismo de 350 millones de chinos por 1800 años, y sin embargo propagarlo a todo el continente europeo? ¡Ellos no pueden, excepto sobre la base de la voluntad soberana de Dios y Su libre Elección! De modo que, en efecto, ellos son obligados a tomar la misma posición que nos reprochan por defender, y denuncian como arbitraria y sin amor.

Algunos nos dicen que de todos modos la Elección no es una doctrina de la Iglesia de Inglaterra. Podría representar muy bien para los disidentes y Presbiterianos, pero no para los clérigos. “Es una mera pieza del calvinismo,” dicen ellos, “una noción extravagante que proviene de Ginebra, y no merece ningún reconocimiento entre aquellos que aman el Libro de Oración Común.” A tales personas les haría bien mirar al final de sus Libros de Oración, y leer el artículo treinta y nueve. Dejemos que se dirijan al artículo diecisiete, y marquen las siguientes palabras: “La predestinación a la vida es el eterno propósito de Dios, quien (antes que fuesen echados los cimientos del mundo), por su invariable consejo, a nosotros oculto, decretó librar de maldición y condenación a los que él ha elegido en Cristo de entre los hombres, y conducirles por Cristo a la salvación eterna, como a vasos hechos para honrar. Por lo tanto, los que son agraciados con tan excelente beneficio de Dios son llamados según su propósito por su Espíritu que obra ha debido tiempo; por la gracia obedecen el llamado; son justificados libremente, son hechos hijos de Dios por adopción, son hechos a la imagen de su Unigénito Hijo Jesucristo; viven religiosamente en buenas obras y finalmente, por la misericordia de Dios, llegan a la felicidad eterna.”

Encomiendo ese artículo atención especial a todos los Clérigos Ingleses. Esta es una de las anclas de salvación de la sana doctrina en el dia presente. ¡Nunca puede ser reconciliada con la regeneración bautismal! La declaración más sabia de la verdadera doctrina de la Elección personal nunca fue escrita por mano del hombre no inspirado. Está completamente equilibrada y juiciosamente proporcionada. Ante tal artículo es simplemente ridículo decir que la Iglesia de Inglaterra no sostiene la doctrina de este escrito.

En asuntos controvertidos deseo hablar correctamente y con cautela. Quisiera tener en cuenta las muchas clases de temperamentos de los hombres, que insensiblemente afectan nuestras opiniones religiosas, y por el efecto duradero de los prejuicios anticipados. Admito libremente que Wesley, Fletcher y toda una serie de excelentes Metodistas y Arminianos, siempre han negado la Elección, y que muchos la niegan hasta este dia. No digo que sostener la Elección es absolutamente necesario para la salvación, sin embargo, ser uno de los Elegidos de Dios indudablemente es necesario. Pero no puedo llamar a algún hombre mi maestro en cuestiones teológicas. Mis propios ojos ven la doctrina de la Elección personal muy claramente expuesta tanto en la Escritura como en el artículo 17 de la Iglesia de Inglaterra. No puedo abandonarla. Creo firmemente que es una parte importante de la verdad de Dios, y uno que para las personas piadosas es “un dulce, agradable e inefable consuelo.”

NOTAS:

  1. El siguiente importante pasaje, de la pluma del juicioso Hooker, ha sido encomendado a la atención de todos en el tiempo presente. Es el pasaje de abertura del primer libro de su “Política Eclesiástica.”

“El que emprende a convencer a una multitud de que ellos no están tan bien gobernados como deberían estar, nunca faltarán oyentes atentos y favorables, puesto que ellos conocen los defectos múltiples a lo cual cada tipo de regimiento o gobierno está sujeto; pero los obstáculos y dificultades del sigilo, en el cual los procedimientos públicos son innumerables e inevitables, que generalmente ellos no tienen sentencia para considerar. Y porque tal como reprender públicamente los desórdenes de los Estados son tomados por principal amigo al común beneficio de todos, y para los hombres que llevan una singular libertad de mente, bajo este claro y plausible color fuere lo que fuere lo que ellos digan es pasado por bueno y corriente. Aquello que es deficiente en el peso de su discurso es suplido por la aptitud de las mentes del hombre a aceptar y creer esto. Considerando que, en el otro lado, si queremos que las cosas sean establecidas, no solo tenemos que luchar con un número de fuertes prejuicios, profundamente arraigados en los corazones de los hombres, que piensan que en esto servimos a las ocasiones, y hablamos en favor del estado presente, porque ya sea mantenemos o procuramos ser ascendidos; sino también soportar tal recepción de las mentes tan apartadas de antemano que lo general cobran antipatía, los cuales son reacios en lo que debería ser vertido en ellos.”


Fuente: Old Paths (Election) by J.C. Ryle
Edición: Nicole Valdés
Traducción: Elioth Fonseca

Sobre El Autor

J. C. Ryle

John Charles Ryle, nació en Inglaterra en el año 1816. Sus padres fueron John y Susana Ryle. Terminó sus estudios en las Universidades de Eton y Oxford donde, además de adquirir una buena educación, Su conversión tuvo lugar en el año 1837 después de haber quedado fascinado por una lectura en público del capítulo dos de Efesios Esto es lo que Ryle oyó: “Porque por gracia habéis sido salvados — por medio de la fe — y esto no de vosotros — sino que es don de Dios”. La justificación por la fe, la verdad que transformó a Lutero tuvo el mismo efecto sobre Ryle. En el año 1880, después de cuarenta años en el ministerio, cuando ya tenía sesenta y cuatro años, fue nombrado primer obispo de la populosa ciudad de Liverpool. Allí, Ryle trabajó arduamente e hizo mucho bien hasta que no pudo más y renunció a la edad de ochenta y tres años, unos cuantos meses antes de su muerte, el diez de junio del año 1900.

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