2. DEFIENDE LA DOCTRINA DE LA ELECCIÓN CON PRECAUCIÓN, Y PROTEGÉGELA DEL ABUSO

Lo siguiente que quiero hacer es defender la doctrina de la elección cuidadosamente, y guardarla del abuso.

Esta es una parte de la materia de la cual sostengo que es de gran importancia. Toda verdad revelada esta propensa a ser retorcida o trastornada. Esta es una de las grandes armas de Satanás para hacer insoportable el Evangelio al tentar a los hombres a distorsionarlo. Quizás ninguna rama de la teología Cristiana ha sufrido tanto daño de esta manera como lo ha sufrido la doctrina de la Elección. Permítanme explicar lo que quiero decir.

“Yo no soy uno de los Elegidos de Dios”, dice alguien. “No me interesa hacer nada relacionado a la religión. Obedecer el Sabbat es una pérdida de tiempo, asistir a la alabanza publica de Dios, leer mi Biblia, recitar mis oraciones. Si debo ser salvo, yo seré salvo. Si debo ser condenado, seré condenado. Mientras tanto me quedaré sentado a esperar”. Esta es una enfermedad dolorosa del alma. Pero temo ¡es una muy común!

“Yo soy uno de los Elegidos de Dios”, dice otro. “Yo estoy seguro que soy salvo e iré al cielo al final, sin importar como viva y demás. Las exhortaciones para vivir en santidad son legalismo. Las recomendaciones para estar alerta, y crucificar su ego, son esclavitud. Aunque caiga, Dios no ve el pecado en mí y me sigue amando igual. Aunque frecuentemente busco caer en tentación, Dios no permitirá que me pierda completamente. ¿Qué es de las dudas, miedos y ansiedades? Yo confío que soy uno de los Elegidos, y como tal, yo seré glorificado”. Esto repito, es una enfermedad dolorosa. Pero me temo no es para nada fuera de lo común.

Ahora, ¿Qué debemos decir a aquellos que hablan de esa manera? Se les debe decir claramente que ellos están torciendo una verdad de la Biblia para su propia destrucción, y están convirtiendo alimento en veneno. Se les debe recordar que su noción de la Elección está completamente fuera de las Escrituras. La Elección de acuerdo a la Biblia es muy diferente a lo que ellos creen que es. Ésta está más íntimamente conectada con otras verdades de igual importancia, y nunca se debe separar de dichas verdades. Las verdades que Dios ha unido, ningún hombre debería atreverse a desunirlas.

(a) POR UN LADO, LA DOCTRINA DE LA ELECCIÓN NUNCA TUVO COMO INTENCIÓN DESTRUIR LA RESPONSABILIDAD DEL HOMRE POR EL ESTADODE SU ALMA. La Biblia por doquier considera a los hombres como agentes libres, seres que deben rendir cuenta a Dios, y no como simples troncos, ladrillos y piedras. Es mentira argumentar que es en vano decirles a los hombres que dejen de hacer el mal, que aprendan a hacer el bien, que se arrepientan, que crean, que se vuelvan hacia Dios, que oren. En la Escritura por todas partes, existe un principio principal que es que el hombre puede perder su alma, que si está condenado al final será su culpa, y su sangre estará sobre su cabeza. La misma Biblia inspirada que revela esta doctrina de la Elección, es la Biblia que contiene estas palabras, “¿Por qué moriréis, casa de Israel?”, “no queréis venir a mí para que tengáis vida”, “esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Ezequiel 18:31; Juan 5:40; Juan 3:19). La Biblia nunca menciona que los pecadores no van al cielo porque no son los Elegidos, sino porque ellos “rechazan la gran salvación”, y porque no se arrepentirán y creerán. El juicio final comprobará en gran manera que no es la carencia de la Elección de Dios, tanto como la ociosidad, el amor al pecado, la incredulidad y la falta de voluntad para venir a Cristo, lo cual arruina las almas que están condenadas.

(b) POR OTRO LADO,LA DOCTRINA DE LA ELECCIÓN NUNCA TUVO COMO INTENCIÓN EVITAR LA MÁS COMPLETA Y LIBRE OFERTA DE SALVACIÓN A CADA PECADOR. Al predicar y tratar de hacer el bien, somos ordenados y obligados a establecer una puerta abierta a cada hombre, mujer, niño, e invitar a cada uno de ellos a entrar. Nosotros no sabemos quiénes son los elegidos de Dios, y a quienes Él quiere llamar y convertir. Nuestra labor es invitar a todos. A cada alma inconversa sin excepción le debemos predicar, “Dios te ama, y Cristo murió por ti”. A todos les debemos decir, “Despiértate, arrepiéntete, cree, ven a Cristo, conviértete, da la vuelta, clama a Dios, esfuérzate para entrar, ven, porque todo está listo”. Que nos digan que ninguno escuchará y será salvo a excepción de los Elegidos de Dios, es sumamente innecesario. Nosotros lo sabemos muy bien. Pero el decirnos que debido a ellos es inútil ofrecer salvación a alguno, es simplemente absurdo. ¿Quiénes somos nosotros para pretender saber quién será un Elegido de Dios al final? ¡No! Por seguro. Aquellos que ahora parecen ser primeros pueden resultar últimos y aquellos que parecen últimos pueden resultar primeros en el día del juicio. Nosotros invitaremos a todos, con la firme creencia que la invitación será buena para algunos. Profetizaremos a los huesos secos, si Dios nos lo ordena. Le ofreceremos la vida a todos, aunque muchos rechacen la oferta. Al hacer ello, creemos que caminamos en los pasos de nuestro Maestro y sus Apóstoles.

(c) POR OTRO LADO, LA ELECCIÓN SOLO PUEDE CONOCERSE POR SUS FRUTOS. Los Elegidos de Dios solo pueden diferenciarse de aquellos que no lo son por su fe y su vida. Nosotros no podemos escalar hasta los secretos del consejo eterno de Dios. No podemos leer el libro de vida. Los frutos del Espíritu, vistos y manifiestos en una conversación con alguien, son la única base sobre la cual podemos determinar que él es uno de los Elegidos de Dios. Donde se puedan ver las marcas de los Elegidos de Dios, allí, y solamente allí, tenemos alguna garantía para decir “él es uno de los Elegidos”. ¿Cómo sé que aquel barco distante en el horizonte tiene un piloto o timonero a bordo? Con el mejor telescopio no puedo notar nada más que sus mástiles y velas. Aun así, lo puedo ver moverse firmemente en una sola dirección. Eso es suficiente para mí. Debido a esto, yo sé, que hay una mano que guía a bordo, aunque no la pueda ver. De la misma forma es con la Elección de Dios. El decreto eterno que es imposible que podamos ver. Pero el resultado de ese decreto no puede ser ocultado. Fue cuando Pablo recordó la fe, la esperanza y el amor de los Tesalonicenses, que clamó, “conozco vuestra elección” (1 Tes 1:4). Por siempre, mantengámonos firmes en este principio al considerar el tema expuesto ante nosotros. Decir que alguien es Elegido cuando se encuentra viviendo en pecado, no es más que un disparate blasfemo. La Biblia no conoce otra Elección excepto a través de la “santificación”, no hay elección eterna a menos que debiéramos ser “santos”, no hay predestinación a menos que seamos “conformados a la imagen del Hijo de Dios”. Cuando faltan estas cosas, hablar de la Elección es una simple pérdida de tiempo. (1 Pedro 1:2; Efesios 1:4, Romanos 8:29).

(d) POR ÚLTIMO, PERO NO MENOS IMPORTANTE, LA ELECCIÓN NUNCA TUVO INTENCIÓN DE IMPEDIR QUE LOS HOMBRES REALICEN UN SOLO DILIGENTE DE TODOS LOS MEDIOS DE GRACIA. Por el contrario, el descuido de los medios es un síntoma muy sospechoso, y nos debería poner en bastante duda respecto al estado del alma de un hombre. Aquellos a quienes el Espíritu Santo atrae, Él siempre los atrae hacia la Palabra de Dios escrita y la oración. Cuando en un corazón existe la verdadera gracia de Dios, siempre habrá un amor hacia los medios de gracia. ¿Qué dice la Escritura? Los mismos Cristianos en Roma a quienes Pablo les escribió acerca del presciencia y la predestinación, son los mismos a quienes les dice, “perseveren en la oración” (Romanos 12:12). Los mismos Efesios que fueron “elegidos desde antes de la fundación del mundo”, son los mismos a quienes se les dice, “Vístanse de toda la armadura de Dios; tomen la espada del Espíritu, oren en todo tiempo con toda oración” (Efesios 6:18). Los mismos Tesalonicenses a quienes según Paul conoció sobre su “Elección”, son los Cristianos a quien clama en la misma Epístola, “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17). Los mismos Cristianos a quienes Pedro llama “elegidos según la presciencia de Dios Padre”, son los mismos a quienes le dice, “deseen la leche verdadera de la Palabra, velen en oración” (1 Pedro 2:2, 1 Pedro 4:7). La evidencia de textos como estos es simplemente irrefutable y aplastante. No perderé mi tiempo comentando acerca de ellos. Una Elección para salvación que enseña a todos los hombres a dejar de lado todos los medios de gracia, puede agradar a personas ignorantes, fanáticos y Antinomianos. Pero me permito decir que es una Elección de la cual no se menciona en la Palabra de Dios.

Yo sé que puedo dar por terminada esta parte de mi materia y mejor que citando la última parte del artículo Decimoséptimo de la Iglesia Anglicana. Encomiendo su especial atención a todos mis lectores, y particularmente el último párrafo. “Como la consideración piadosa de la predestinación y nuestra elección en Cristo es para las personas piadosas una fuente de una dulce, agradable e indecible tranquilidad, propia de aquellos que sienten en sí mismos el trabajo del espíritu de Cristo, mortificando las obras de la carne y a sus miembros terrenales, dirigiendo su mente hacia las cosas elevadas y celestiales, también porque fija en gran medida y confirma que su fe de la salvación eterna será disfrutada a través de Cristo y porque enciende fervientemente su amor hacia Dios: por todo ello, para las personas curiosas y carnales que carecen del espíritu de Cristo, tener continuamente ante sus ojos la condena de la predestinación de Dios, supone una caída peligrosa por la cual el diablo puede empujarlos bien hacia la desesperación o hacia la desdicha de los seres más inmundos, no menos peligroso que tal desesperación. Además, debemos recibir las promesas de Dios en los siguientes términos, tal y como nos son explicadas generalmente en la Sagrada Escritura y en nuestros actos debemos seguir la voluntad de Dios, expresamente declarada en la Palabra de Dios.”

Estas son palabras sabias. Esta es palabra irreprochable que no puede ser condenada. Aferrémonos siempre al principio contenido en esta afirmación. Hubiese sido bueno para toda la Iglesia de Cristo, si la doctrina de la Elección siempre se hubiese manejado de esa manera. Sería bueno a todos los Cristianos que se sienten desconcertados por las alturas y profundidades de esta doctrina poderosa, si recordaran las palabras en la Escritura, “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 29:29).

Ahora concluiré todo el tema con algunas palabras simples para aplicación personal.

(1) Primero que nada, permítanme suplicar a cada lector de este escrito a no rechazar esta doctrina de la Elección, simplemente porque es alta, misteriosa, y difícil de entender. ¿es respetuoso pedir ello? ¿Es tratar la Palabra de Dios con el debido respeto a la revelación? ¿Está bien rechazar cualquier cosa escrita para nuestro aprendizaje, y darle nombres difíciles, simplemente porque algunos hombres mal informados la han mal utilizado, y lo han vuelto para un mal propósito? Estas preguntas son serias. Merecen una seria consideración. Si los hombres empiezan a rechazar la verdad de la Escritura simplemente porque no les gusta, ellos se encuentran en terreno resbaloso. No hay que decir lo lejos que pueden caer.

Después de todo, ¿Qué ganan los hombres negando la doctrina de la Elección? ¿El sistema de aquellos que niegan la Elección salva más almas que aquellos que la sostienen? Seguramente no. ¿Aquellos que sostienen la Elección reducen el camino al cielo, y hacen que la salvación sea más difícil que aquellos que la niegan? Seguramente no. Los oponentes de la Elección sostienen que nadie será salvo excepto aquellos que se arrepienten y creen. Bueno: ¡Los que abogan la Elección dicen lo mismo! Los oponentes de la Elección proclaman intensamente que nadie solo los santos van al cielo. Bueno: ¡Los que abogan de la Elección proclaman la misma doctrina con la misma intensidad! Entonces ¿que, pregunto nuevamente, se gana negando la verdad de la Elección? Yo respondo: Nada en absoluto. Y aun así, aunque no se gane nada, pareciera perderse un gran consuelo. Es un consuelo frio que me digan que Dios nunca pensó en mi antes que me arrepintiese y creyese. Pero el saber y sentir que Dios tenia propósitos de misericordia hacia mi desde antes de la fundación del mundo, y que toda la obra de gracia en mi corazón es el resultado de un pacto interminable y una Elección eterna, es un pensamiento lleno de consolación dulce e inexplicable. Una obra que fue planeada antes de la fundación del mundo, por un Arquitecto de gran poder y sabiduría perfecta, es una obra que nunca podrá fallar y ser desechada.

(2) En segundo lugar, permítanme suplicar a cada lector de este escrito, estudiar esta doctrina de Elección desde la perspectiva correcta, y no confundir su mente al invertir el orden de la verdad. Permítanle empezar con los primeros elementos del Cristianismo, simplemente con el arrepentimiento ante Dios, y la fe hacia nuestro Señor Jesucristo, y así muéstrale el camino hacia la Elección. No le permitas perder su tiempo empezando con preguntas acerca de su propia Elección. Déjalo mejor primero atender a las marcas simples de un hombre Elegido, y que no descanse hasta que estas marcas sean suyas. Déjalo quebrantarse por todo pecado conocido, y que corra a Cristo por perdón, paz, misericordia y gracia. Déjalo clamar fuertemente a Dios en oración, y que no deje descansar al Señor hasta que sienta en sí mismo la testificación real del Espiritu. Aquel que empieza de esta manera, agradecerá a Dios algún día por su gracia electiva, en la eternidad sino a tiempo. Hay un dicho antiguo y peculiar, pero bastante real: “Un hombre primero debe ir a la pequeña escuela de Gramática de Arrepentimiento y Fe, antes de que entre a la gran Universidad de la Elección y Predestinación”.

La pura verdad es, que el plan de Dios de salvación es como una escalera bajada desde el cielo a la tierra, para unir al santo Dios, y la criatura pecadora, el hombre. Dios está en la cima de la escalera y el hombre al pie de la misma. La cima de la escalera está muy arriba, fuera de nuestra vista, y nosotros no tenemos ojos para verla. Allí, en la cima de la escalera, se encuentran los propósitos eternos de Dios, su pacto eterno, su Elección, Su predestinación de personas para ser salvas por Cristo. Desde la cima de la escalera desciende aquella total y abundante providencia de misericordia para pecadores la cual es revelada a nosotros en el Evangelio. El pie de la escalera está cerca a hombres pecadores en la tierra, y consiste en los simples peldaños del arrepentimiento y la fe. A través de éstos, él debe empezar a escalar hacia arriba. En su humilde uso, él debe subir más alto cada año, y lograr vistazos más claros de las buenas cosas por venir ¿Qué puede ser más simple que la tarea de utilizar los peldaños que se encuentran cerca a nuestro alcance? ¿Qué podría ser más tonto que decir, yo no pisaré los peldaños iniciales, hasta que entienda claramente los peldaños de la cima? ¡Fuera con tales razonamientos perversos e infantiles! Solo el sentido común podría decirnos el camino del deber, si tan solo hiciésemos uso de él. El deber es utilizar las verdades simples de forma honesta, y luego creer que mayores verdades algún día serán claras ante nuestros ojos. Como, y de qué manera el amor del Dios eterno desciende a nosotros, puede ser demasiado, lo cual es difícil de entender para pobres gusanos como nosotros. Pero cómo nosotros pobres pecadores somos llevados a Dios es simple y claro como el sol del mediodía. Jesucristo está de pie ante nosotros, diciendo, “¡Vengan a mí!” No perdamos nuestro tiempo en dudas, detalles insignificantes, y disputas. Vayamos a Cristo de una vez, tal como estamos. ¡Aferrémonos y creamos!

(3) Por último, permítanme suplicar a cada Cristiano verdadero que lee este escrito, recuerde la exhortación de Pedro, “procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás.” (2 Pedro 1:10)

Algo más seguro, ante los ojos de Dios, que tu Elección haya sido desde toda la eternidad, es imposible. Con El no hay incertidumbre. Nada de lo que Dios hace por su pueblo es dejado al azar, o puede cambiar. Pero tu Elección puede hacerse más segura y más evidente a ti y la Iglesia; y este es el punto que me gustaría que pongas atención. Esfuérzate para obtener tal seguridad de esperanza bien fundamentada, que, como Juan dice, tú puedas “saber que conoces a Cristo” (1 Juan 2:3). Esfuérzate tanto para vivir y caminar en este mundo de forma que todos se den cuenta de que eres uno de los hijos de Dios, y que no tienes dudas de que irás al cielo.

No escuches ni por un momento a aquellos que te dicen que en esta vida nunca podremos estar seguros de nuestro estado espiritual, y siempre debemos estar dudando. Los Católicos Romanos dicen ello. El mundo ignorante lo dice. El diablo lo dice. Pero la Biblia no dice cosas de ese tipo. Existe aquello como la seguridad sólida de nuestra aceptación en Cristo, y un Cristiano nunca debería descansar hasta que la haya obtenido. Que un hombre pueda ser salvo sin esta seguridad solida no lo puedo negar. Pero estar sin ésta es perder un gran privilegio, y un mayor consuelo, estoy bastante seguro.

Esfuérzate, entonces, con toda diligencia, “para hacer de tu llamado una Elección segura”, “despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia” (Hebreos 12:1). Estate listo para cortar la mano derecha y arrancarte el ojo derecho, si es necesario. Establece firmemente en tu cabeza, que el privilegio más alto de este lado de la tumba es el saber que eres uno de los hijos de Dios.

Aquellos que contienden por un lugar y oficio en este mundo seguramente serán decepcionados. Cuando hayan hecho todo y hayan triunfado lo máximo posible, sus honras les serán ampliamente insatisfactorias, y sus premios serán de corto término. Los puestos en el Parlamento y sus lugares en el Gabinete deben ser vacados algún día. A lo mas solo pueden tenerlos por unos pocos años. Pero aquel que es uno de los Elegidos de Dios posee un tesoro que nunca podrá ser arrebatado de él, y un lugar del cual no puede ser removido. Bienaventurado es aquel hombre que pone su corazón en esta Elección. No hay elección como la Elección de Dios.


Fuente: Old Paths (Election)
Traducción: Mauro Arellano
Edición: Dario Sanabria

Sobre El Autor

J. C. Ryle

John Charles Ryle, nació en Inglaterra en el año 1816. Sus padres fueron John y Susana Ryle. Terminó sus estudios en las Universidades de Eton y Oxford donde, además de adquirir una buena educación, Su conversión tuvo lugar en el año 1837 después de haber quedado fascinado por una lectura en público del capítulo dos de Efesios Esto es lo que Ryle oyó: “Porque por gracia habéis sido salvados — por medio de la fe — y esto no de vosotros — sino que es don de Dios”. La justificación por la fe, la verdad que transformó a Lutero tuvo el mismo efecto sobre Ryle. En el año 1880, después de cuarenta años en el ministerio, cuando ya tenía sesenta y cuatro años, fue nombrado primer obispo de la populosa ciudad de Liverpool. Allí, Ryle trabajó arduamente e hizo mucho bien hasta que no pudo más y renunció a la edad de ochenta y tres años, unos cuantos meses antes de su muerte, el diez de junio del año 1900.

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