Dilatad vuestros corazones; suplid la pobreza de mi palabra. Oíd lo que yo pueda deciros, y lo que no pueda decir, pensadlo vosotros.

¿Quién comprenderá el Verbo permaneciente? Todas nuestras palabras suenan y pasan. ¿Quién comprenderá la Palabra permaneciente sino el que permanezca en ella? ¿Quién comprenderá la Palabra permaneciente? No sigas el río de la carne.

Esta carne es un río, porque nunca está quieta. Nacen los hombres como de una fuente oculta de la naturaleza; viven y mueren, y no sabemos de dónde vienen ni adónde van. Está escondida el agua hasta que brota el manantial; corre y aparece el río, y luego se oculta en el mar. No hagamos caso del río este que mana, se desliza y corre a desaparecer; despreciémosle.

Toda carne es heno; y todo el honor de la carne, como la flor del heno. El heno se secó, la flor se cayó. ¿Quieres ser inmutable? Pero el Verbo de Dios permanece para siempre. (Serm. 119, 3)

Sobre El Autor

Agustin de Hipona

Agustín de Hipona (354-430), conocido también como San Agustín, fue, padre y doctor de la Iglesia. El «Doctor de la Gracia» fue el máximo pensador del cristianismo del primer milenio y uno de los más grandes genios de la humanidad. Autor prolífico, dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología, siendo Confesiones y La Ciudad de Dios sus obras más destacadas.

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