Es nuestro gran privilegio, amados, que vivamos en un mundo sin dote. Esto es por tanto nuestra insignia distintiva y nuestra acta constitutiva de cristianos. Cuando Dios repartió la tierra de Canaán entre las tribus de Israel, Él hizo una excepción en la tribu de Leví, a quién Él le dijo: “De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte;” y añade el porqué de Su razón: “Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel (Nm.18:20).” La enseñanza del evangelio de esto es obvia y significativa. Como verdadero sacerdocio del Señor, esta no es nuestra porción, ni la tierra nuestro descanso. Es posible que hubiera requerido de alguna disciplina dolorosa, y no una pequeña medida de fe, por parte de los devotos Levitas, mientras contemplaban el prado fértil, las llanuras rociadas, y las montañas cubiertas de vid de la Tierra Prometida, antes de que se le hiciera disponer a renunciar a todo por Aquel que es invisible – se necesitaba un poco de enseñanza y disciplina de parte de nuestro Dios, para que Él nos guiara a abandonar el mundo, la comodidad, a nosotros mismos, y así dejarlo todo por Cristo. Estando satisfecho de tener al Señor como nuestra porción,  y únicamente el cielo como herencia.

Pero el Señor no dejará a Su pueblo olvidado con alguna cosa indigna de Él para dar, o de ellos para aceptar. Él los ha colocado aparte para Él mismo, y Él mismo aparte para ellos. “Todos los creyentes son el clero del Señor; y como ellos son Su porción también Él lo es a ellos” (R. Leighton) “La porción del Señor es Su pueblo, Israel es el lote de Su herencia.” “El Señor es mi porción, dice mi alma.” Su amor hacia nosotros fue tan grande, que cuando Él no podía darnos una mayor prueba de ese amor, se dio Así Mismo. Nada más podría haber expresado el anhelo de Su corazón, nada menos podría haber satisfecho el deseo de nosotros.

¡Oh!, ¡que porción es Dios! ¡Todo lo que Él es y todo lo que Él tiene es nuestro! Cada atributo de Su Ser está sobre nosotros, cada perfección de Su naturaleza nos rodea, cada pulso de Su corazón late por nosotros, cada mirada de Su ojo nos sonríe. Moramos en Dios, y Dios mora en nosotros. No es el mundo nuestra porción, pero sí Dios que hizo, sostiene y gobierna el mundo. No es la criatura nuestra porción. Pero sí el Señor de los ángeles y el Creador de los hombres. ¡Infinita porción! ¡ilimitado poder! ¡Inmensurable Gracia! ¡Inagotable amor! ¡Todo bien apropiado! ¡Todo, y todo es nuestro!
 
Y qué porción, ¡Oh mi alma, es Cristo! El Cristo Divino, El Cristo Redentor, El Cristo Pleno, El que se compadece, El siempre esta presente, precioso y amoroso Cristo.
 
Señor, te bendigo por la disciplina que me diste para darme cuenta de lo que es Divino, Porción que todo lo satisface tengo en ti mismo. Tú tomaste de mí la parte terrenal, solo para enriquecerme con la celestial. Tú removiste de mí el sostén humano sobre el cual yo con demasiado cariño y de manera idólatra me incliné. Para que pueda aprender lo que Cristo era, como la Porción toda suficiente, que todo lo satisface y que es eterna para mi alma. Ahora puedo admirar la sabiduría y el amor que echa fuera todo temor y me vacía de vasija en vasija, que, me lleva de la creciente arrogancia al quebranto personal, la caída de la flor y el deterioro de la primavera de la criatura buena. Yo puedo reclamar mi porción como un verdadero Levita espiritual solo en Ti.
 
¡Oh creyente en Jesús! Saca el máximo provecho de Su parte. Es totalmente suficiente para toda tu necesidad. Dios, quizás, te haya hecho pobre en este mundo, pero es posible que seas rico en la fe y un heredero de ese Reino de gloria, la Nueva Jerusalén, que Él ha preparado para ti –cuyos cimientos son de piedras preciosas, cuyos muros son de jaspe, cuyas puertas son de perlas, cuyas calles son de oro puro, y a través del cual fluye calladamente el río de agua de vida, resplandeciente como cristal, que sale del trono de Dios y del Cordero. Y en medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, está el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto. ¡Todo esto te aguarda! Espera en el Señor, espera en la adversidad, espera en la prueba, espera contra la espera, porque Dios en Cristo es tu presente y eterna Porción. “Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en Él esperaré.”

 


Traducción: Elioth Fonseca
Edición: Lupita Anaya
Fuente: grace-ebooks.com
Imagen: Joshua Paul Shefman

Sobre El Autor

Octavius Winslow

Predicador, Escritor Octavius Winslow nació el 1 de agosto de 1808 en Pentonville, Inglaterra, se destacó como uno de los predicadores evangélicos más importantes del siglo 19 en Inglaterra y América. Un ministro Bautista durante la mayor parte de su vida, contemporáneo de Charles Spurgeon y J. C. Ryle, que se separó de la iglesia anglicana en su última década. Sus trabajos se centraron en mostrar a Cristo en un sentido práctico, Sus escritos son ricamente devocional y calientan el alma e inflama el corazón con amor sincero, en reverencia y alabanza a Cristo, murió el 5 de marzo de 1878 en Brighton, Inglaterra.

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