El autor anónimo de la epístola de Hebreos encontró diferentes maneras de describir la supremacía del Señor Jesucristo. Uno de ellos, el cual constituye el tema fundamental del capítulo 3 y 4, es que Jesucristo da el reposo que ni Moisés ni Josué pudieron proveer. Bajo Moisés, el pueblo de Dios fue desobediente y no pudieron entrar en el reposo de Dios (He.3:18 RVR60). El Salmo 95:11 (citado en Hebreos 4:3) implica que Josué no pudo haberle dado al pueblo “reposo verdadero” ya que “a través de David” Dios habla acerca del reposo que dará en otro día (He.4:7 RVR60). Esto a su vez implica que: “Queda un reposo para el pueblo de Dios (He. 4:9 RVR60).”

Al hablar de este reposo (He. 3:18; 4:1; 3-6, 8 RVR60) el autor consistentemente usó la misma palabra para “reposo” (katapausis). Pero repentinamente, al hablar acerca del “reposo” que queda para el pueblo de Dios, él usa una palabra diferente (Sabbastimos, usada solamente aquí en el NT) que significa específicamente el Reposo del Sabbat. En el contexto de su enseñanza, esto hace referencia al “Reposo del Sabbat” el cuál es encontrado en Cristo (Venid… y yo os haré descansar Mat. 11:28) Así que “Procuremos, pues, a entrar en aquel reposo (He. 4:11 RVR60).”

Desde Agustín, los cristianos han reconocido que la Biblia describe experiencias humanas en un esquema cuádruple: En 1. La Creación, 2. La Caída, 3. La Redención y 4. La Gloria. Estamos familiarizados con los ecos de esto en la Confesión de Fe de Westminster (capítulo 9) y en el gran libro de la Naturaleza Humana en su estado cuádruple de Thomas Boston. No es ninguna sorpresa entonces que el Sabbat, el cual fue hecho para el hombre, es experimentado por él en cuatro maneras.

En la creación, el hombre fue hecho a la imagen de Dios — diseñado “naturalmente” como hijo de Dios para reflejar a su Padre. Desde entonces su Padre trabajó creativamente por seis días y descansó en el séptimo. Adán, como un hijo, lo imitó. Juntos, en el séptimo día, se paseaban en el jardín. Ese día fue un tiempo para escuchar todo lo que el Padre tenía para enseñar y contar sobre las maravillas de Su trabajo de creación.

Así el día del Sabbat estaba destinado a ser “El Día del Padre” todas las semanas. También tenía una pizca del futuro en ello. El Padre había terminado Su obra, pero Adán no.

Pero Adán cayó. Él arruinó todo, incluyendo el Sabbat. En vez de caminar con Dios, se escondió de Dios (Gen. 3:8 RVR60) Este era el Sabbat, el Día del Padre, pero Dios tuvo que buscarlo!

Este nuevo contexto nos ayuda a entender el significado del cuarto mandamiento. Este fue dado para el hombre caído —es por eso que contiene un “no.” No fue para trabajar, sino para reposar. Externamente, eso significó el cese de sus tareas ordinarias con el fin de encontrarse con Dios. Internamente, involucró el cese de toda la autosuficiencia con el fin de reposar en la gracia de Dios.

Considerando esto, ¿qué diferencia hizo la llegada de Jesús al Día del Sabbat? En Cristo crucificado y resucitado, encontramos descanso eterno (Mat. 11:28-30 RVR60), y somos restaurados a la comunión con Dios (Mat. 11:25-30 RVR60). Los tesoros perdidos del Sabbat son restaurados. Descansamos en Cristo de nuestras labores de autosuficiencia, y tenemos acceso al Padre (Ef. 2:18 RVR60) A medida que nos encontremos con Él, Él mismo nos mostrará, sus caminos, su mundo, sus propósitos, y su gloria. Y lo que fue temporal del Sabbat Mosaico debe ser dejado atrás como la realidad de la comunión íntima del Sabbat Adánico que otra vez es experimentado en nuestra adoración al Salvador resucitado en el primer día de la semana —El Día del Señor.

Pero aún no hemos alcanzado la meta. Aún luchamos para descansar de nuestras labores. Aún debemos “procurar entrar en aquel reposo (He. 4:11 RVR60)” Consecuentemente la naturaleza semanal del Sabbat continua como un recordatorio de que todavía no estamos en casa con el Padre. Y desde entonces este reposo es solo nuestro a través de la unión con Cristo en Su muerte y resurrección, nuestra lucha al rechazar la antigua vida y disfrutar del nuevo continuo.

Pero uno puede preguntarse: “¿Cómo esto impacta mis Domingos como un cristiano?” Este panorama debería ayudarnos a regular nuestras semanas. El Domingo es “El Día del Padre,” y tenemos una cita para encontrarnos con Él. El niño que pregunta “¿Cuán corto puede ser la reunión?” tiene un problema de relación disfuncional —no intelectual, problema teológico— algo está mal en su relación con Dios.

Este panorama nos ayuda a resolver la pregunta: “¿Está bien hacer… el domingo? —porque no tuve tiempo de hacerlo en el resto de la semana?” Si esta es nuestra pregunta, el problema no es como usamos el Domingo, sino como estamos desperdiciando el resto de la semana.

Este panorama del Día del Señor nos ayuda a ver el día como un anticipo del cielo. Y nos enseña de que si la adoración, la hermandad, el ministerio y el compromiso de nuestras iglesias no dan expresión de esto, entonces algo seriamente está mal.


Sermón Original: Sabbath Rest
Fuente: Ligonier.org
Traducción: Elioth Fonseca
Edición: Lupita Anaya

Sobre El Autor

Sinclair Ferguson

Predicador, Teólogo: Nació en 1948, es un teólogo escocés conocido en los círculos reformados por sus enseñanzas, escritos y trabajos editorial. Fue ministro de la Iglesia de Escocia desde 1971 hasta 2005, cuando se transfirió a la "Asociación de la Iglesia Presbiteriana Reformada" sirviendo como pastor general de la primera Iglesia Histórica de Culumbia, Carolina del Sur. Y trabajó también como ministro en "St. George´s-Tron Church" en Glasgow. Actualmente es profesor de teólogia sitemática en "Reedemer Seminary" en Dallas y viceministro en "St. Peter´s Free Church of Scotland" en Dundee, Escocia.

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