“Cantares 4:12-16”

Las pocas palabras, querido amigo cristiano, que tengo que hablar esta noche, están conectadas con la primera porción de la Santa Escritura a la que nuestra atención se ha dirigido, contenido en el Cantar de Salomón; la parte en la que nuestro querido hermano ha hablado.

No es necesario repetir cual es el objetivo de Dios al darnos el Cantar de Salomón; todos saben, y nuestro estimado hermano se ha referido de nuevo a ella. Pero debe estar en nuestro corazón para procurar entender el significado espiritual de este Libro precioso. No conozco una sola parte del testimonio divino que actúe con mayor eficacia como un termómetro espiritual, para mostrar lo que pasa con respecto a nuestro afecto por la Adorable Persona de nuestro Señor Jesucristo, que esta pequeña porción de la Palabra de Dios llamada el Cantar de Salomón. Y esta porción a la que se dirige nuestra atención para su consideración en estas reuniones (si es tomada en cuenta respecto a nosotros mismos) traería una abundante bendición para nuestras almas.

Ahora vamos a leer una vez más este verso, y con la ayuda de Dios, deseo hacer algunas observaciones, además de lo que ya se ha dicho. “Un huerto cerrado eres, hermana, esposa mía”; nos estamos refiriendo a un “cónyuge”, la más íntima de todas las uniones. ¿Cómo sucede esto, que estamos en la más íntima de todas las uniones? Por la razón del profundo sueño de muerte que cayó sobre Jesús. Ese Bendito murió en nuestro lugar, con el fin de que tengamos vida, con el fin de que fuésemos llevados a esta, la más íntima de todas las relaciones con Él, con el fin de que seamos Su “cónyuge”. Ahora bien, esta hermana es llamada “huerto cerrado”, “fuente cerrada”, “fuente sellada”; se emplean estas tres figuras diferentes. Un “huerto cerrado”; permítanme observar aquí; que el significado no es lo se dice habitualmente. La misma palabra “huerto” implica que está cerrada; una porción de tierra separada de otras partes, rodeada por un cerco o muro, o de alguna otra manera, cerrada y cultivada posteriormente. Es precisamente esto lo que constituye que sea un huerto.

Pero no simplemente dijo “un huerto”, sino que añade algo acerca del huerto, y eso es que, esta se encuentra “prohibida”, “cerrada” y “puesta bajo llave”, al igual que esta fuente cerrada, y esta “fuente sellada”, este es el punto en particular: No es que esta porción de tierra esté cerrada, sino que este campo se encuentra cerrado bajo llave, y no es accesible a todos. El propietario entra y sale como le plazca, ya que tiene derecho a esta porción de tierra, este Huerto; pero está prohibido, está cerrado y puesto bajo llave, por lo que no es accesible a todo el mundo. De la misma forma que el que selló la fuente, puede romper por sí mismo el sello; y el que tiene puesto bajo llave la fuente puede romper con todo aquello por lo cual se ha cerrado y puede participar de las corrientes de aire refrescantes de esta fuente. Este es el punto en particular. Ahora ¿Qué es lo que se entiende por esta figura de “Un huerto cerrado”, “una fuente cerrada”, “una fuente sellada”? Somos propiedad del Señor, Él nos ha comprado con Su Sangre preciosa, por lo tanto somos suyos y no de nosotros mismos. El derecho del Huerto es Suyo, el cerrojo y las llaves son Suyas, la fuente es Suya, el manantial es Suyo; todo pertenece a Aquel Bendito, que nos compró con Su preciosa sangre. ¿Sentimos en lo profundo de nuestras almas que todo lo que tenemos pertenece al Señor, que nos ha comprado; que ha comprado nuestros talentos, y nuestro tiempo? ¿Sentimos que Él ha comprado nuestros ojos, nuestras manos y nuestros pies?, ¿Sentimos que nuestras casas y nuestras tierras, nuestros caballos y carruajes le pertenecen? ¿Qué todo el dinero que tenemos es Suyo, que nuestra profesión o negocios son de Él, que todo lo que tenemos y somos es Suyo? ¡Oh! Si en lo más profundo de nuestras almas entrara Él ¡que hombres y mujeres cristianos seríamos de ahora en adelante!

Ahora amados en Cristo, como no hemos venido aquí para pasar una o dos horas de diversión, sino para que nuestras almas, en lo más profundo puedan ser afectadas, para que podamos ser más santos y devotos “dentro y fuera” consagrados al Señor; ¡Oh! Busquemos entrar en este hecho glorioso, que el Señor Jesucristo nos ha comprado con Su preciosa sangre, que “por dentro y por fuera” somos de Él, y no de nosotros mismos; y que no por esta noche, o simplemente mañana; sino que todos los días de nuestra vida, nosotros y todo lo que tenemos y somos, pertenecen al Señor. ¡Oh! Pidamos a Dios que selle esto en nuestros corazones, y que lo selle de tal manera que desde esta noche y en adelante nunca podamos perder de vista esta verdad. Esto, considero, es el gran punto práctico que el Espíritu Santo traería ante nosotros en esta porción.

Ahora leemos en el siguiente versículo: “Tus renuevos son paraíso de granados, con frutos suaves; de flores de alheña y nardos. Nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso, mirra y áloes, con todas las principales especias aromáticas” ¿Qué es esto? El Señor Jesús entra en su Huerto, y la gracia que Él ve en su Iglesia; la gracia que Él ve en Su esposa, su hermana; el Esposo puede recibir con delicia, alegría y placer lo que Él ve en su pueblo. Amado en Cristo, el gran punto práctico es: ¿Es así conmigo? Cuando meditaba acerca de esta porción el domingo por la noche, me dije: “Señor, que así sea conmigo, ayúdame para que pueda ser así conmigo” Oh que pueda ser así con nosotros mismos, de manera individual; y que pueda ser, por lo tanto, no solo “de vez en cuando”. Cuando estamos bajo una influencia espiritual especial, o bajo un llamado espiritual especial, así como ahora lo podemos tener, día a día, desde lunes por la mañana hasta sábado por la noche, y todo el día entero, toda la semana, todo el año, podamos estar en el “temor del Señor”. Es justamente esto, lo que con la bendición de Dios, hará efecto en la conciencia de los inconversos. Cuando ellos vean que vamos en total seriedad, que hay una realidad acerca de nuestra profesión como discípulos del Señor Jesucristo, cuando ellos sean capaces de decir: “Mira a ese hombre, él es justo como era cuando tenía veinte, o treinta, o cuarenta años de edad” Y así continúa ese hombre o mujer; día tras día, semana a semana, mes tras mes y año tras años, siempre en el temor de Dios, poniendo siempre a Cristo delante de él. ¡Oh, si así fuera con nosotros, amados en Cristo, que testimonio serían nuestras vidas para el mundo impío! Agregado a esto, ¡Cómo debemos fortalecer nuestras manos los unos a los otros en Dios! Todos somos miembros del Cuerpo, y cada uno tiene un deber a realizar, con el propósito de que sus hermanos en la fe puedan ser ayudados. No debemos contentarnos simplemente con leer que Jonathan entró en el bosque para fortalecer las manos de David; sino que debemos preguntarnos: “¿Cómo puedo fortalecer a mis hermanos y hermanas?, ¿Les brindo una mano para ayudarlos cuando son probados, afligidos y débiles?, cuando están cayendo ¿Busco fortalecer sus manos en Dios?” De nuevo en la Epístola a los Tesalonicenses leemos: “Edificaos unos a otros, así como lo hacéis” (1 Tesalonicenses 5:11). ¿Nos edificamos unos a otros y buscamos animarnos y guiarnos unos a otros en el conocimiento de Cristo? ¿Cómo estamos respecto a estos puntos? ¿Es verdad acerca de nosotros que no somos meramente plantas y árboles, sino árboles frutales en el huerto del Señor? ¡Oh amado en Cristo! ¿Es nuestro vivir y caminar día a día como un dulce perfume para Cristo? Sólo preguntémonos y tratemos con honestidad a nuestras almas esta noche; y antes de irnos, preguntémonos delante de Dios, esta cuestión: ¿Es mi vida y mi conducta un olor suave a Cristo? ¿Refresco el corazón de mi bendito Señor? Así puede ser, así debe ser, amado en Cristo. Anhelemos ello, para que así sea, y si pedimos sinceramente al Señor que nos ayude, debemos experimentar con toda seguridad el cumplimiento de la promesa del bendito Señor Jesús, contenida en el capítulo 13 de Mateo, versículo 12: “Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más.” Y debemos experimentar la verdad de la preciosa declaración del apóstol Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

El versículo siguiente, el quince dice: “Fuente de huertos. Pozo de aguas vivas, que corren del Líbano”. Esto es lo que el Señor Jesucristo agrega acerca de la Iglesia; ella es la fuente de huertos. Eso significa una fuente que se encuentra en el huerto, “Un pozo de aguas vivas, que corren del Líbano”. El punto particular aquí, pienso, el objetivo a transmitirse tiene un significado espiritual, el cual es este: (Lo refrescante es el propósito que se debe difundir a través de la Iglesia.) Recuerda bien esta declaración en el Evangelio de Juan con respecto al Espíritu que nos es dado: “Que del creyente fluyan ríos de agua viva” (Juan 7:38). La Iglesia debe ser una fuente, una fuente de aguas vivas, un manantial corriendo desde el Líbano. ¿Cómo estamos respecto a esto? Si nos preguntamos delante de Dios (Y debemos tratar siempre honestamente con nuestros corazones), debemos decir: ¿Está fluyendo el agua viva de mí? ¿Soy el instrumento de Dios en transmitir bendiciones espirituales? ¿Hago yo de mi vida, mi conducta y mis palabras ministros del Espíritu a otros? ¿Cuántas veces he sido así, o cuantas veces ha sido de esta manera en todo? ¿Y a qué grado es tan habitual? Lo que el Señor Jesucristo busca para esto, desde que Él ha sido gentilmente satisfecho para darnos el Espíritu Santo, debe ser verdad para nosotros de manera individual, “que de nosotros fluyan ríos de agua viva”. Y yo diría, que, si lo buscamos más, deberíamos tener más; y si nuestra vida, nuestro andar y nuestra conducta fueran más conforme a Él, nos convertiremos en un discípulo del Señor Jesús, debiéramos entonces, por la gracia del Espíritu, refrescar a otros, y de nosotros fluirían verdaderamente “ríos de agua viva”; como fue el caso en los días de los apóstoles. No podemos tener el oficio de los apóstoles, y si algunos vienen a decirnos que son apóstoles, debemos decir de inmediato que ellos son mentirosos. Pero mientras no podemos tener el oficio de apóstoles, la gracia de los apóstoles debemos buscar. Puede que sea verdad de los santos del Altísimo que ahora están en esta última parte del siglo XIX como era verdad de ellos en los días de Pablo; que de ellos “fluyen ríos de agua viva”. Y si esperáramos en esto, amado en Cristo aquí presente, y si estuviésemos orando por esto, para que pudiéramos ser hombres y mujeres de quienes “fluyeran ríos de agua viva”, encontramos que en verdad el Señor es tan bueno como Su Palabra, y Él nos dará la ayuda y fuerza para que así sea.

El último versículo dice: “Levántate Aquilón, y ven Austro; soplad en mi huerto, despréndase sus aromas”. Posiblemente la forma en que entiendo este versículo podría diferir la forma en la que alguno de mis amados hermanos la entiende. El significado, como lo entiendo; es este: La Iglesia responde, y la Iglesia se deleita en brindar gozo al corazón de su amado Novio. La Iglesia desea refrescarlo con sus dulces aromas y agradables frutos; dice “Levántate Aquilón, y ven Austro; soplad en mi huerto, despréndase sus aromas”. Posteriormente dice “Venga mi Amado a su huerto, y coma de su dulce fruta”; entiendo todo este versículo, y no simplemente sus últimas palabras, es una declaración de la Iglesia: La amada está hablando con el Novio para refrescarlo en su corazón, y así los santos del Altísimo deben mirar hacia arriba y preguntarse a sí mismos: ¿Cómo puedo brindar gozo al corazón de mi Bendito Señor?; Él ha dado su vida por mí, ¿Qué puedo hacer por Él? ¿Cómo puedo servirle y glorificarle? Y que nadie diga: soy pobre, o soy muy joven, o no tengo mucho conocimiento, recién he sido llevado al conocimiento del Señor. Yo digo: todo aquél que es creyente en el Señor Jesucristo, y participa del Espíritu Santo, regenerado y renovado, tiene su corazón para refrescar y alegrar el corazón del Señor Jesucristo. Oh, nunca digamos, “No puedo hacer nada para brindarle alegría al corazón de mi Bendito Señor”. Lo podemos hacer, y el Señor Jesucristo aguarda por aquello que debemos hacer. Él ha dado la última gota de Su sangre por nosotros, y ha pasado por todo lo que era necesario para nuestra salvación, y ahora; está mirando que nosotros, de nuestra parte; busquemos Su Gloria, y refresquemos Su corazón, en respuesta por todo lo que Él ha hecho por nosotros. Y, por lo tanto; Él llega a la Iglesia que desea alegrar el corazón del Señor Jesús, y ella dice: “Venga mi amado a su huerto, y coma de su dulce fruta”.

Ahora note la respuesta del Bendito en el primer versículo del siguiente capítulo: Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía; He recogido mi mirra, y mis aromas; He comido mi panal y mi miel; mi vino y mi leche he bebido. Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados” (Cantares 5:1). Lo primer que noto en particular en esto es todo: “Mi”, “Mi”, “Mi”; porque pertenecemos al Señor, y no tenemos nada en nosotros mismos. Es Mis aromas, Mi Huerto, Mi panal, Mi miel; todas las cosas pertenecen al Señor Jesús. Y esto no debemos perderlo de vista, que por mucho que seamos avanzados en el conocimiento, y la gracia; aún con todo, debemos cada partícula de gracia y conocimiento al Señor. Nunca debemos estar ante un espejo espiritual y pensar acerca de todas las cosas que hemos hecho, lo que hemos logrado; sino que demos todo el honor y gloria; no solo en palabras porque eso es algo sin valor, sino desde lo más profundo de nuestras almas a Él, a quien es debido: El Señor Jesucristo, lo reclama todo por sí mismo. Es Mi huerto, Mi hermana, Mi esposa, Mi mirra, Mis aromas, Mi panal, Mi miel; todo, absolutamente todo le pertenece a Él.

Y luego al final del verso dice “Comed amigos, bebed en abundancia, oh amados”, “Ser llenos de amor”, como debería ser, o al menos podría ser interpretado. Y aquí particularmente permítanme decir, si hay una cosa más a la que debemos de aspirar, es en un crecimiento de amor. ¡Oh, Cuando pensamos en esto! Que hay una posibilidad de estar llenos de amor, que cosa bendita, bendita, bendita para ponerla delante de nosotros, con el propósito de estar completamente satisfechos de amor, de estar llenos de amor. ¡Oh, amados en Cristo, que sea nuestro santo, piadoso propósito, conocer esto para nosotros mismos! Y estas benditas reuniones pueden ser un gran estímulo para nosotros, para proseguir al objetivo de un incremento de amor. Este es uno de los objetivos especiales por los que nos reunimos; no tanto para ilustrarnos los unos a los otros, sino para que podamos alentarnos los unos a los otros a un incremento de amor. ¡Oh, hagamos de esto un objetivo! “Dios es amor” Y sólo en la medida en que nos ayudemos a crecer en amor, así y sólo en la medida en que lo hagamos, nos volvemos más parecidos a Dios.

Nota: Un Discurso pronunciado por George Müller en una conferencia de los cristianos de varias denominaciones celebrada en Clifton, el martes; 30 de Septiembre de 1873


Traducción: Sarahí Canché Más
Edición: Lupita Anaya
Fuente: www.christbiblechurch.org

Sobre El Autor

George Müller

Predicador El fundador del Orfanato Ashley Down, en Bristol, Inglaterra, George Müller, nació en Prusia el 17 de septiembre de 1805. En su juventud, vivió una vida sin Dios, pero a la edad de veintiún años se convirtió súbitamente a Dios estando en una reunión de oración en la casa de un consagrado hombre de negocios. Poco después vino a Inglaterra, sin cartas de presentación, sin dinero, sin nombre, sin recomendaciones y con un conocimiento muy deficiente del idioma inglés. ¿Qué, entonces, trajo consigo? Trajo consigo a Dios. Poco después de haber arribado, escribió en su diario: "Mi vida entera será un servicio para el Dios viviente." Sus principios estaban profundamente enraizados en las Sagradas Escrituras, y se aferró a ellos durante toda su larga vida. Nunca le pidió ayuda a nadie y nunca insinuó que necesitara ayuda. Exclusivamente en respuesta a las oraciones de fe, recibió más de un millón y medio de libras esterlinas (7.500.000 dólares) para la construcción y el mantenimiento del "Orfanato de Dios", para sus empresas misioneras y para la distribución de las Escrituras. En el orfanato, conocido como "sus hogares", fueron acogidos, capacitados, educados y enviados a vivir su vida, decenas de miles de huérfanos indigentes En su ancianidad viajó casi doscientas mil millas en cuarenta y dos países, predicando el Evangelio a tres millones de oyentes. Habiendo servido a Dios en su época y generación, su espíritu, como el de Moisés, fue llevado por Jehová, encontrándose solo en su habitación, temprano en la mañana del 10 de marzo de 1898. Tenía noventa y tres años. "Vida te demandó, y dístele largura de días por siglos y siglos" (Sal. 21:4).

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