Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor
el día de la muerte que el día del nacimiento.
Eclesiastés 7:1

El comienzo del capítulo 7 de Eclesiastés suena como una porción del libro de Proverbios, puesto que contiene una serie de aforismos. Comienza con estas palabras: “Mejor es la buena fama que el buen ungüento” (v. 1, RV60). Los escritores de literatura sapiencial del mundo antiguo a menudo comparaban y contrastaban las virtudes u otras cosas abstractas con cosas concretas. En este caso, la comparación es entre una buena reputación y un buen ungüento. Nosotros por lo general no consideramos que un ungüento sea algo valioso porque los ungüentos son bastante baratos y podemos conseguirlos en cualquier farmacia en la calle. Pero en el mundo antiguo, un ungüento que aliviara el dolor y el sufrimiento era difícil de encontrar o adquirir, así que se lo consideraba algo extremadamente valioso. Pero Salomón dice que la buena fama es mejor que un buen ungüento. Es algo muy valioso.

Luego prosigue diciendo: “Es mejor el día en que se muere que el día en que se nace”. Esto podría tomarse de manera pesimista o desde un punto de vista trascendente. Muy a menudo en el Antiguo Testamento encontramos personas que están al borde de la desesperación maldiciendo el día en que nacieron… Observamos tales comentarios de parte de Job, Moisés, y Jeremías. Cuando una persona mira la vida desde la perspectiva de este mundo, a veces se cansa de vivir.

Me acuerdo de la canción Old Man River. La letra dice: “Levanta esa balsa, carga ese fardo, emborráchate un poco y acabas en la cárcel”. Luego el estribillo dice: “Ese viejo río, siempre rodando y rodando”. Esa es una expresión moderna de pesimismo, que llega a su cúspide en el verso “estoy cansado de vivir, pero tengo miedo de morir”. Ese sentimiento define la suerte de demasiadas personas en este mundo.

Eclesiastés afirma que el día de la muerte de una persona es mejor que el día de su nacimiento. Eso sería cierto para el pesimista, quien no puede esperar a que todo acabe —al menos si tan solo pasa al olvido y no al castigo eterno.

Sin embargo, este sentimiento también es verdad para el optimista, para el cristiano. El día de nuestro nacimiento es un buen día para el creyente, pero el día de su muerte es el más grandioso que un cristiano puede experimentar en este mundo porque ese es el día en que vuelve a casa, el día en que traspasa el umbral, el día en que entra a la casa de su Padre. Ese es el día del triunfo final para el cristiano en este mundo, y no obstante es un día que tememos y un día que posponemos tanto como podamos porque no creemos que el día de nuestra muerte realmente sea mejor que el día de nuestro nacimiento.

Sobre El Autor

R.C. Sproul

Robert Charles Sproul, nació el 13 de Febrero de 1939, en Pittsburgh, Pennsylvania, murió el 14 de Diciembre del 2017, era un teólogo calvinista americano, autor de más de cien libros, y co-pastor de la iglesia Saint Andrew’s Chapel en Sanford. Él es el fundador y presidente de Ligonier Ministries y presentador del programa de radio “Renewing your Mind.” Es graduado de Westminster College, del Seminario Teológico de Pittsburg, y de la Universidad Libre de Amsterdam. En la actualidad, Sproul es profesor de Teología Sistemática en el Seminario Teológico Reformado, en Orlando, y el Seminario Juan Knox, en Fort Lauderdale, Florida.

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