‘En tiempos remotos, Dios habló muchas veces y de varias maneras a nuestros antepasados por medio de los profetas; pero en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio de su Hijo. A él Dios lo hizo heredero de todas las cosas y por medio de él creó todo el universo.

Él es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de su ser y el que sostiene el universo con su palabra poderosa. Y después de haber realizado la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de Dios en el cielo. Así llegó a ser superior a los ángeles, en la misma medida en que el nombre que recibió es superior al de ellos.’

Hebreos 1:1-4

 

En su infinita sabiduría Dios sabía que lo único que podía rescatarnos de nosotros mismos y reparar el horrendo daño que el pecado había causado al mundo no era ninguna otra cosa . Sino una persona, su Hijo; el Señor Jesús.

La respuesta de Dios a nuestra rebelión fue darse a nosotros mismos.
Él es el gran don redentor y transformador.
Él es el rescate.
Él es el perdón.
Él es la restauración.
Él es vida, esperanza, paz y seguridad.
No hay salvación aparte de él.
No hay liberación de la presencia y el poder del pecado aparte de él.
No hay ninguna relación restaurada con Dios aparte de él.
No hay cielo nuevo y tierra nueva aparte de él.
No hay fin para la enfermedad y el sufrimiento aparte de él.
No hay derrota de la muerte aparte de él.

Simplemente no existe tal cosa como la gracia redentora y todo lo que significa aparte de la voluntad de Dios para darnos a nosotros mismos en la persona del Mesías Jesús. Jesús es la gracia de Dios, dada a los pecadores que no pueden librarse de la muerte ligada al pecado.

El Creador, de una manera que aturde la mente, se convierte en un hombre. Aquel que hizo un mundo perfecto ahora se expone a un mundo manchado de imperfecciones. El juez de todas las cosas se pone a sí mismo bajo juicio.

Aquel que merece adoración se convierte en el Cordero del sacrificio. Aquel que merece el amor de todos se somete a ser despreciado y rechazado. Aquel que es dueño de todas las cosas vive sin un lugar al que llamar hogar y sin lugar para descansar su cabeza cansada. En soberanía y con poder, Dios respondería a la lamentable condición de su mundo.

Con santa autoridad, trataría con los portadores de Su imagen que le habían dado la espalda. Sin embargo, él se ocuparía de los estragos del pecado no con las herramientas del juicio, sino con una sola herramienta de gracia, Jesús.

Sin su vida, muerte y resurrección, la gracia sería un sentimiento carente de toda utilidad. Sin el don de Jesús, la gracia sería una promesa sin poder. Sin la presencia, vida y obra de ese bebé en el pesebre, no hay luz al final del túnel para los pecadores. No hay final feliz para los rebeldes. No hay ningún hogar esperando a los perdidos. Sólo hay oscuridad, derrota, juicio y muerte.

Esta temporada, en medio de todas las celebraciones y regalos, tengamos cuidado de recordar que en el centro de lo que celebramos hay una realidad que cambia el juego, que altera la vida y da esperanza:

LA GRACIA ES UNA PERSONA, Y SU NOMBRE ES JESÚS. 

Sobre El Autor

Paul David Tripp

Paul David Tripp es pastor, autor y conferencistas. Él es el presidente de los Ministerios Paul Tripp y trabaja para conectar el poder transformador de Jesucristo a la vida cotidiana. Esta visión ha llevado a Paul a escribir 17 libros sobre la vida cristiana, producir 14 series de enseñanza y viajar alrededor del mundo hablando en eventos. La pasión motriz de Paul es ayudar a la gente a entender cómo el evangelio de Jesucristo habla con esperanza práctica en todas las cosas que la gente experimenta en este mundo roto.

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