“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón”. Dios tendrá todo el corazón. No debemos dividir nuestro amor entre Él y el pecado. La verdadera madre no tendría el niño dividido, ni Dios tendrá el corazón dividido. Debe ser el corazón entero. Debemos amar a Dios por Él mismo, por sus particulares excelencias. Debemos amarlo por Su hermosura. Es adulterar el amar a la porción del amor más que a la persona. Los hipócritas aman a Dios porque Él les da maíz y vino; nosotros debemos amar a Dios por Sí mismo, por aquellas perfecciones brillantes que están en Él. 

El amor de Dios debe ser activo en su totalidad. El amor es un afecto que cada día trabaja, mantiene la cabeza estudiando acerca de Dios, las manos trabajando, los pies corriendo en los caminos de Sus mandamientos. Es llamado: el trabajo de vuestro amor (1 Tesalonicenses 1: 1-3). María Magdalena amó a Cristo, y derramó sus ungüentos sobre Él. Siempre creemos que nunca hacemos lo suficiente por la persona a quien amamos. Si amamos a Dios, nuestro deseo será en pos de Él. “El deseo de nuestra alma es tu nombre” (Isaías 26: 8). El que ama a Dios, respira en busca de la comunión con Él. “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo” (Salmos 42:2). Las personas enamoradas a menudo desean estar conversando juntos. El que ama a Dios, desea estar mucho en Su presencia.

El que ama a Dios no puede encontrar contentamiento en alguna otra cosa sin Él. Los amantes desmayan si no tienen una vista de la persona amada. Aún sin salud, podemos encontrar un alma graciosa, pero no podría estar sin Dios, quien es la salud de su semblante (Salmos 43:5). Si Dios le dijera a un alma que enteramente Le ama lo siguiente: “Toma tu comodidad, nada en placer, consuélate en las delicias del mundo; pero no disfrutarás de Mi presencia”; todo esto no lo contentaría. No, si Dios le dijera: “Te dejaré subir al cielo, pero me retiraré a otra habitación, y no deberás ver mi rostro”. No estaría contenta el alma. Es el infierno estar sin Dios. Un filósofo dice que no puede existir una alegría dorada en el alma sin la dulce presencia e influencia de Dios.

El que ama a Dios, llora amargamente por su ausencia. María viene llorando, “Ellos se han llevado a mi Señor” (Juan 20:13). Uno grita: Mi salud se ha ido; otro: mis bienes se han ido. Pero el que es un amante de Dios grita: “¡Mi Dios se ha ido! No puedo disfrutar de Aquel a quien amo”. Si Raquel se lamentaba mucho por la pérdida de sus hijos, ¿Qué puede ocultar la tristeza de ese cristiano que ha perdido la dulce presencia de Dios? Seamos persuadidos a amar a Dios con todo nuestro corazón y poder. ¡Oh quitemos nuestro amor de otras cosas! Y pongamos todo nuestro amor sobre Dios. El amor es el corazón del cristiano, la grosura de la ofrenda; es la gracia con la que Cristo pregunta más tarde “Simón, ¿Me amas?” (Juan 21:15).


Traducción: Sarahi Canche
Edición: Dario Sanabria
Fuente: www.sermonindex.net

Sobre El Autor

Thomas Watson

Thomas watson probablemente nació en Yorkshire. Él estudió en Emmanuel College, Cambridge, obtuvo un diplomado de licenciatura en Artes en 1639 y una Maestría en Artes en 1642. Durante su tiempo en Cambridge, Watson fue un especializado erudito. Después de completar sus estudios, Watson vivió por un tiempo con la familia puritana de Lady Mary Vere, la viuda de Sir Horace Vere, varón de Tilbury. En 1646, Watson fue a St. Stephen’s Walbrook, Londres, donde sirvió como profesor durante unos 10 años, y como rector por otros 6 años, cubriendo el lugar de Ralph Robinson. Alrededor de 1647. Watson se casó con Abigail Beadle, hija de John Beadle, un ministro de Essex de convicciones Puritanas. Ellos tuvieron por lo menos 7 hijos en los siguientes 30 años; de los cuales 4 de ellos murieron jóvenes. Durante la guerra Civil, Watson comenzó a expresar sus fuerte convicciones Presbiterianas. Watson fue formalmente reincorporado a su pastorado en Walbrook en 1652. Cuando el Acto de Inconformidad se aprobó en 1662, Watson fue expulsado de su pastorado. Él continuó predicando en privado -en graneros, casas, y bosques- siempre y cuando tuviera la oportunidad. Watson obtuvo una licencia para Crosby Hall, Bishopsgate, el cual perteneció a John Langham, un líder de los no-conformistas. Watson predicó allí por 3 años antes de que Stephen Charnock se le uniera. Ellos ministraban juntos hasta la muerte de Charnock en 1680. Watson siguió trabajando hasta que su salud se vio afectada. El entonces se retiró a Barnston, en Essex, donde murió repentinamente en 1686 mientras se dedicaba en privado a orar. La profundidad de Watson en doctrina, claridad de expresión, intensidad de espiritualidad, amor en la aplicación… hacen de su reputación como excelente predicador y escritor. Fue enterrado el 28 de julio 1686.

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