«El amor de Cristo», en su dulzura, su plenitud, su grandeza y su fidelidad, «sobrepasa» toda comprensión humana. ¿Dónde podría llegar a hallarse un idioma que describiera su incomparable amor sin igual por los hijos de la humanidad? Es tan vasto e ilimitado que así como la golondrina baja en picada y hace un vuelo rasante sobre la superficie del mar sin bucear en sus profundidades, todas las palabras descriptivas del amor de Cristo apenas si rozan la superficie, dejando inconmensurables profundidades sin tocar más abajo. El poeta bien puede afirmar:

Oh amor, ¡abismo insondable! JOHANN ANDREAS ROTHE, 1688-1758

porque el amor de Cristo es inconmensurable e insondable, completamente fuera de toda comprensión humana. No obstante, para comenzar a comprender su amor, primero debemos entender su gloria previa en las alturas de la majestad en comparación a las profundas vergüenzas de su encarnación en este mundo.

Pero, ¿quién podría hablarnos de la majestad de Cristo? Cuando él estaba entronado en las alturas celestiales, era «Dios verdadero de Dios verdadero» (credo Niceno), Dios mismo, «porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra» (Colosenses 1:16). Su brazo poderoso mantuvo las muchas esferas del universo en sus órbitas, las alabanzas de los querubines y los serafines lo rodearon perpetuamente y un vasto coro de aleluyas en todo el universo fluyeron sin cesar hasta los pies de su trono.

Reinó soberano por encima de todas sus criaturas como Dios sobre todo, bendito para siempre. ¿Quién podría entonces explicar las alturas de su gloria? No obstante, por otra parte, ¿quién podría explicar en forma explícita cuán bajo descendió? Convertirse en hombre ya fue ciertamente humillante, pero convertirse en «varón de dolores» (Isaías 53:3) lo fue mucho más. Sangrar, sufrir y morir ya de por sí era mucho para el Hijo de Dios, pero él sufrió mucho más que eso.

No solo sufrió la indecible agonía de soportar una muerte vergonzosa sino también sufrió el abandono de su Padre. Esto manifiesta tal profundidad del humilde amor de Cristo que hasta la más espiritual de las mentes fracasa de manera miserable en su intento por sondearla. «En esto consiste el amor» (1 Juan 4:10). Y es verdaderamente un amor que «sobrepasa nuestro conocimiento». Que este amor, su amor, llene nuestro corazón de adoración y gratitud y nos lleve a demostraciones prácticas de su poder en nuestra vida.

El amor de Cristo … sobrepasa nuestro conocimiento. Efesios 3:18-19

Sobre El Autor

Charles Spurgeon

Charles Haddon Spurgeon Nacio en Kelvedon, el 19 de junio de 1834 fue un pastor bautista británico. Aún es conocido por la gente como el "Príncipe de los Predicadores". A lo largo de su vida, Spurgeon evangelizó alrededor de 10 millones de personas y a menudo predicaba 10 veces a la semana en distintos lugares. Sus sermones han sido traducidos a varios idiomas y actualmente, existen más libros y escritos de Spurgeon que de cualquier otro escritor Cristiano de la historia de la iglesia. Tanto su abuelo como su padre fueron pastores puritanos, por lo que creció en un hogar de principios Cristianos. Sin embargo, no fue sino hasta que tuvo 15 años en enero de 1850 cuando hizo profesión de fe en una Iglesia Metodista. Spurgeon fue pastor de la Iglesia Bautista denominada Metropolitan Tabernacule, de Londres durante 38 años. Fue parte de numerosas controversias con la Unión Bautista de Gran Bretaña y luego debió abandonar su título religioso. Durante su vida, Spurgeon sufrió diversos malestares físicos. Sin embargo, en 1857, fundó una organización de caridad llamada Spurgeon's, la cual trabaja a lo largo de todo el mundo. Spurgeon fallecio el 31 de enero de 1892 en los Alpes Marítimos, Francia.

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