Dice el necio en su corazón: No hay Dios…
Salmos 14:1

El que niega la existencia de Dios, peca con el mayor descaro contra la luz reveladora de la propia naturaleza; porque todas y cada una de las criaturas creadas, desde el jején1  a la mosca, pasando por el más insignificante gusano que se arrastra por el suelo, se sorprenderían y confundirían de que el hombre se cuestione si hay un Dios o no. El nombre de Dios está escrito con tanta belleza en la creación, y sus caracteres brillan con tal magnitud, que dondequiera que miren todos los hombres pueden ver y leer que hay un Dios. La noción y sentimiento de que existe un Dios está impresa con tal fuerza en el corazón de cada ser humano que negarlo es sofocar, no sólo la voz de la naturaleza, sino también los más evidentes principios de sentido común; negar a Dios es en realidad un deicidium,2  asesinar a Dios en nuestro interior, el peor pecado que un ser creado pueda cometer. En el infierno no hay ateos, porque incluso los demonios creen y reconocen cuatro artículos de nuestra fe (Mateo 8:29):

1) Reconocen a Dios;
2) Reconocen a Cristo;
3) Reconocen que habrá un juicio;
4) Reconocen que serán castigados.

Motivos por los cuales cabe decir que aquellos que no creen que hay un Dios son más ruines que el propio diablo, porque negar la existencia de Dios es una forma de ateísmo que no se da en el infierno:

“En la tierra hay muchos ateos,
en el infierno ninguno”.

San Agustín, hablando sobre los ateos dijo: «Aunque haya algunos que afirmen creer, o cuanto menos traten de persuadirse a sí mismos de que no hay Dios, lo cierto es que ni aún la criatura más vil y desgraciada que jamás haya vivido este mundo, se atrevería a negar su existencia». Séneca tiene al respecto una frase magistral: «Mienten quienes afirman que no hay un Dios; pues a pesar de que lo afirman durante el día, cuando anochece y se quedan a solas, dudan de su afirmación». Y añade: «He oído de algunos que niegan que haya un Dios; pero no he conocido a un solo hombre que estando enfermo no invoque a Dios buscando su ayuda; por tanto, los que afirman que no hay un Dios, mienten; pecan contra la luz de sus propias conciencias; y aún aquellos que niegan a Dios de la manera más estudiosa y razonada, no pueden evitar que cuando escudriñan sus propias conciencias sus teorías les estallen en su propia cara. Me atrevo a decir que nunca ha habido bajo el cielo una nación tan bárbara como para negar que existe un Dios».

NOTAS

  1. Insecto similar a los mosquitos comunes pero mucho más pequeño en tamaño, unos 2 o 3 milímetros a lo más. 
  2. Palabra latina que se traduce al español por deicidio y que significa dar muerte o asesinar a Dios. 

Sobre El Autor

Thomas Brooks

Thomas Brooks (1608-1680) fue un predicador puritano inglés no conformista y autor. Gran parte de lo que se sabe acerca de Thomas Brooks se ha comprobado a partir de sus escritos.  En 1608, Brooks entró en el Emmanuel College, Cambridge, en 1625, donde fue precedido por hombres como Thomas Hooker, John Cotton y Thomas Shepard. Fue licenciado, predicador del Evangelio  en 1640. Antes de esa fecha, parece haber pasado varios años en el mar, probablemente como capellán de la flota.

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