Escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. (1 Pedro 1:16)

Hemos de recordar una y otra vez el propósito de nuestra vida. No estamos destinados a la felicidad ni a la salud, sino a la santidad.

Tenemos tantos deseos e intereses, que consumimos y malgastamos la vida. Muchos de estos deseos e intereses pueden ser buenos y llegar a tener su cumplimiento, pero por ahora Dios tiene que minimizarlos. Lo único que verdaderamente importa es aceptar al Dios que ha de santificarnos.

Nuestra relación con Dios ha de ser la correcta a cualquier precio. ¿Creo verdaderamente que necesito ser santo? ¿Creo que Dios puede venir a morar en mí y hacerme santo? Si a través de tu predicación me convences de que no soy santo, lo más probable es que produzca en mí resentimiento.

La predicación del evangelio me resulta molesta debido a que tiene que denunciar que no soy santo; pero, a la vez, despierta también dentro de mí un fuerte anhelo de conseguirlo. Dios tiene un solo destino para la humanidad: la santidad. Su único objetivo es producir santos.

Dios no es una máquina eterna, productora de bendiciones para los hombres. No vino a salvar a los hombres porque le dieran lástima. Vino a salvar a los hombres porque los había creado para que fuesen santos. La expiación por medio de la Cruz de Cristo significa que Dios puede devolverme a una unión perfecta con Él mismo, sin una sombra entre nosotros, por medio de la muerte de Jesucristo.

Nunca toleres, por simpatía hacia ti mismo o hacia otros, ninguna práctica que no concuerde con un Dios santo. La santidad significa un andar sin mancha con los pies, un hablar sin mancha de tu boca, y un pensar sin mancha de tu mente, con cada detalle de tu vida delante del escrutinio de Dios. La santidad no es sólo lo que Dios me da, sino lo que yo manifiesto que Dios me ha dado.

Sobre El Autor

Oswald Chambers

Oswald Chambers era un evangelista y maestro escocés bautista (1874-1917) nació el 24 de julio de 1874, en Aberdeen, Escocia. Él entró en una relación personal con Jesús como su Salvador en su adolescencia bajo el ministerio de Charles Haddon Spurgeon, y estudió arte y arqueología en la Universidad de Edimburgo antes de responder a un llamado de Dios al ministerio cristiano. Luego estudió teología en Dunoon College. De 1906 a 1910 dirigió un ministerio itinerante de enseñanza de la Biblia en los Estados Unidos, el Reino Unido y Japón.

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