Cuando nada ni nadie es permanente y fiel en tu vida, puedes descansar en que Dios es ambas cosas.

Me encanta la honestidad de la Biblia. Me encanta que la fe en Dios no requiere que ni tú ni yo juguemos con la realidad. Me encanta que la descripción bíblica de la vida de este mundo caído es exacta y familiar.

El salmo 90 es uno de los salmos más honestos y descriptivos: “Algunos llegamos hasta los setenta años, quizás alcancemos hasta los ochenta, si las fuerzas nos acompañan. Tantos años de vida, sin embargo, solo traen pesadas cargas y calamidades: pronto pasan, y con ellos pasamos nosotros” (v 10).

Esto es lo que el salmista está diciendo: “Tu vida será corta y difícil”. No son buenas noticias, ¿verdad? Pero esa es la realidad. Vives en un mundo caído que gime esperando la redención. Vives con gente imperfecta que piensa, dice y hace cosas equivocadas. Moras en un lugar donde la corrupción, la inmoralidad, la injusticia, la contaminación y la enfermedad predominan.

Vives en un entorno que no funciona de acuerdo con el diseño original de Dios. Cada día es marcado por pequeños y grandes problemas. Debido a esto eres tentado a sentirte solo, abandonado, pobre e inútil. Eres tentado a preguntarte si Dios existe, si escucha y se preocupa. Cuando enfrentas problemas, algunas personas son insensibles e importunas. Piensan que tus problemas son una carga para ellos.

Y las personas que son sensibles y amorosas tienen muy poco poder para borrar tus problemas. Esa es la razón por la que el comienzo de este salmo es tan importante. Este salmo tan honesto no comienza hablando sobre los problemas; comienza con la declaración más importante que cualquiera que esté enfrentando problemas pudiera escuchar: “Señor, Tú has sido nuestro refugio generación tras generación. Desde antes que nacieran los montes y que crearas la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos y hasta los tiempos postreros, Tú eres Dios” (vv 1-2).

Si eres hijo de Dios, no estás solo. La gracia gloriosa te ha unido a Aquel cuyo poder y amor nunca cambian. La gracia nos une a ti y a mí con Aquel que es nuestra morada suprema, el Único al que podemos correr. Esto significa que no estoy solo con mis propios recursos. Significa que Dios no me deja solo para deducir y hacer frente a la vida por mí mismo. Como hijo de Dios, nunca debo verme como pobre y abandonado.

No debo creer la mentira de que no tengo recursos o esperanza. Nunca debo pensar que mi vida la gobiernan las dificultades. No debo darle oportunidad al desaliento ni a la desesperación. La gracia ha abierto la puerta de esperanza y refugio al unirme a Aquel que es eterno y que gobierna todas las circunstancias y relaciones que puedan hacer que me sienta solo.

 Para profundizar y ser alentado: Salmo 86

Sobre El Autor

Paul David Tripp

Paul David Tripp es pastor, autor y conferencistas. Él es el presidente de los Ministerios Paul Tripp y trabaja para conectar el poder transformador de Jesucristo a la vida cotidiana. Esta visión ha llevado a Paul a escribir 17 libros sobre la vida cristiana, producir 14 series de enseñanza y viajar alrededor del mundo hablando en eventos. La pasión motriz de Paul es ayudar a la gente a entender cómo el evangelio de Jesucristo habla con esperanza práctica en todas las cosas que la gente experimenta en este mundo roto.

Artículos Relacionados