Querida dama,

Reconozco que vuestras circunstancias son graves y difíciles, pero permíteme rogarle que no interprete sus aflicciones como una muestra del desagrado de Dios, o una señal de no pertenecerle a Él. Esta es una antigua tentación de Satanás, con la cual frecuentemente asalta a los cristianos angustiados; pero toma el escudo de la fe, para que puedas apagar los dardos del maligno.

¡Ay! Las cruces y aflicciones son la común porción del pueblo de Dios en este mundo presente, El Señor nos ha dicho, que en este mundo ¡Tendríamos aflicciones! Cada santo tiene sus propias dificultades, tentaciones y conflictos particulares con las que tiene que lidiar.

Somos demasiados propensos a ponernos cómodos sobre nuestros socaires, demasiados susceptibles a ser absorbido por las vanidades de este mundo pasajero. Ahora estamos siendo disciplinados, para que en el futuro no seamos condenados con el mundo.

¡Ah! ¡Dichosas aflicciones que hacen que nos apartemos de este miserable y decadente mundo! Ellas son un medio para mortificar nuestras corrupciones; para enseñarnos a vivir más constantemente por la fe en Cristo Jesús; y para establecer todas nuestras esperanzas y expectativas sobre ¡Otro y mejor mundo!

Las aflicciones santificadas deben preferirse mil veces en lugar de la prosperidad no santificada. Estas estriban en sí son frecuentemente los efectos del amor especial de Dios. “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete (Ap.3:19).” Dios ve que necesitamos aflicciones y Él sabe que estas obrarán para nuestro bien.

Dios es infinitamente sabio y conoce lo que es mejor para mí. Dios es enormemente compasivo y será tierno para con los más débiles de Sus hijos. ¡Dios es inmensamente soberano y puede hacer lo que quiera con los Suyos!

¡Las aflicciones más grandes en este lado del infierno son menores, mucho menores de lo que mis iniquidades han ameritado! ¡Oh, infinita gracia! ¡La vara de corrección de un Padre reconciliador, pudo haber sido la flameante espada de un Juez justo! ¡Bien podría haber estado llorando y lamentándome junto con los demonios y los espíritus malditos en el infierno! Soportaré la indignación del Señor ya que he pecado contra Él. Es solamente por su misericordia que no he sido consumido.

¡Oh, pero no es nada más que por un poco de tiempo y entonces habrá un final eterno de todas tus penas, temores, pruebas y decepciones! ¡Ese Esposo celestial, que te ha desposado para Sí, pronto te llevará a Su reino eterno, en donde olvidarás todas las tormentas y tempestades, nubes y oscuridad en tu recorrido a través de este mundo desierto y en donde todos estarán eternamente colmados de gozo y paz, amor y alabanza!

¡Ninguna prueba o aflicción jamás te asaltará en ese glorioso lugar, sino que morarás eternamente bajo el esplendor inmediato del amor divino, y cantarás, junto con los creyentes más fuertes y sí, junto con los arcángeles más superiores y más gloriosos en el cielo, los prodigiosos misterios de la gracia redentora! Los consuelos y bendiciones de ese estado de reposo, serán más brillantes y fascinantes por todas tus lágrimas y suspiros de acá abajo. El recuerdo de la hiel y el ajenjo y de las aflicciones tenderá a endulzar el sabor de los gozos celestiales.

Oro para que Dios esté contigo para alentarte y confortarte con las divinas consolaciones de Su Santo Espíritu, y afirmarte en Su debido tiempo. Él es un Dios fiel; y por lo tanto no colocará sobre ti más de lo que Él te permitirá resistir (1Co.10:13). ¡Si posees menos de este mundo puede que obtengas más de Su confortable presencia! ¡Oh, bendito intercambio! ¡Que seáis sostenida con Sus brazos eternos y tenerlo para sustentarte y fortalecerte en cada momento de necesidad!

Recuerda a tu una vez agonizante, pero ahora exaltado Redentor. ¿Es el siervo más grande que su Señor? ¿No andaremos de manera gozosa en Sus pasos para que al final podamos estar en donde Él está? ¿Podemos, o deberíamos quejarnos si Dios nos trata como lo hizo con Su bien amado hijo?

Quiera el Señor ayudarte a que voluntariamente te sometas a Él. No dudéis, sino que, en el tiempo designado, cuando Él vea que será para vuestro bien y para Su propia gloria, tu Padre celestial te liberará de tu aflicción. Deberías regocijarte al pensar que Él está llevando a cabo la gran obra de tu eterna salvación, en medio de todas tus angustias y desilusiones, y bajo todas las difíciles aflicciones. Oh, entonces di junto con Job: “¡He aquí, aunque él me matare, en él esperaré! (Job.3:15).” ¡Aunque esté rodeada de terrores le bendeciré ya que he sido librada del infierno!

Oh para que seáis abrazada por los brazos del amor eterno, y gozar de los consuelos de tu estado perdonado. Permítame rogarle, una vez más, querida hermana a que no permita que las decepciones y las cruces de este mundo, por más dolorosos que sean, traten de alejar de su espíritu la previsión habitual y gozosa de la que la libre, rica y soberana gracia ha concebido para ti en el glorioso mundo eterno y que se te está acomodando y preparando para cada día que vives.

No dejes que las adversidades te hagan olvidar, sino que más bien, te hagan añorar tu eterno hogar. ¡Oh, medita en ese cielo en el que ni el pecado, ni la muerte, ni el infierno de ningún modo serán capaces de privarte; en el cual, por gracia soberana, pasarás los siglos de los siglos en una bendita eternidad!

“Haz pues, Señor, lo que quieras conmigo para que pueda morir a este mundo, vencer mis corrupciones, vivir más en Cristo, traer más gloria a Tú nombre, y tener más muestras y promesas consoladoras de Tu amor. ¡Que se haga tu voluntad!”

Atentamente,
John Berridge


Traducción: Elioth Fonseca
Edición: Lupita Anaya
Fuente: www.sermonindex.net

Sobre El Autor

John Berridge

John Berridge (1 de marzo de 1716 - 22 de enero de 1793) fue un evangélico anglicano y himnista. J. C. Ryle escribió que como uno de "los evangelistas ingleses del siglo XVIII" Berridge era "un poderoso instrumento para el bien"

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