1. Deseo amonestar a todos aquellos que solamente viven para este mundo para que se den cuenta de lo que hacen lo que hacen. Aunque no lo sepan, son enemigos de Cristo. Él observa vuestros caminos, pese a que vosotros le volvéis la espalda y rehuis entregarle vuestro corazón, Él toma nota de vuestro andar cotidiano y lee en lo más de recóndito de vuestro ser. Llegará el día cuando tendrá lugar una resurrección de todos vuestros pensamientos, palabras y acciones. Podéis olvidaros de ellas, pero Dios no; las contempláis descuidadamente, pero en el cielo se registran cuidadosamente en el libro de memoria. ¡Oh! hombre mundano, ¿piensas en esto? Tiembla y arrepiéntete.

2. Deseo exhortar a todos aquellos que siguen una profesión religiosa formalista para que no se engañen. Os hacéis
la ilusión de que iréis al cielo por el sólo hecho de que vais a la iglesia, participáis de la Cena del Señor y vuestro asiento en la iglesia nunca está vacío. Y haciendo estas cosas creéis que la vida eterna os pertenece. Pero os pregunto:
¿Dónde está vuestro arrepentimiento? ¿Dónde está vuestra fe? ¿Dónde están las evidencias de un nuevo corazón? ¿En qué se puede ver la obra del Espíritu Santo? ¿Dónde están las evidencias de la regeneración? ¡Oh! cristiano formalista: piensa en estas preguntas. Tiembla, tiembla y arrepiéntete. 

3) Deseo amonestar a todos aquellos miembros de la iglesia que toman las responsabilidades de su fe de una manera descuidada para que no jueguen con su alma, no sea que un día despierten en el infierno. Vivís año tras año como si no hubiera batalla a pelear contra el pecado, el mundo y el diablo. Os pasáis la vida riendo y según la etiqueta y modales de caballero o señorita; y os comportáis como si no hubiera diablo, cielo ni infierno. ¡Oh! miembro descuidado de iglesia, seas episcopal, presbiteriano, independiente o bautista, ¡despierta a las realidades espirituales! ¡Despierta y ponte la armadura de Dios! ¡Despierta y lucha duramente! Tiembla y arrepiéntete.

4) A toda persona que desee ser salva la amonesto para que no se contente con las normas religiosas del mundo. Ciertamente, ninguna persona con los ojos abiertos puede dejar de ver que el cristianismo del Nuevo Testamento es algo más elevado y profundo que el “cristianismo” que profesa la mayor parte de la gente hoy en día. Esto tan formal, tan fácil, que demanda y hace tan poco, y que la mayoría de la gente llama religión, será todo lo que se quiera menos la religión del Señor Jesucristo. Las cosas que Él valora en las siete epístolas, no son valoradas por el mundo. Las cosas que Él condena, son precisamente las cosas en las que el mundo no ve mal alguno. ¡Oh! si en verdad deseas seguir a Cristo, ¡no te contentes con el cristianismo del mundo! ¡Tiembla, tiembla, y arrepiéntete!

 

Sobre El Autor

J. C. Ryle

John Charles Ryle, nació en Inglaterra en el año 1816. Sus padres fueron John y Susana Ryle. Terminó sus estudios en las Universidades de Eton y Oxford donde, además de adquirir una buena educación, Su conversión tuvo lugar en el año 1837 después de haber quedado fascinado por una lectura en público del capítulo dos de Efesios Esto es lo que Ryle oyó: “Porque por gracia habéis sido salvados — por medio de la fe — y esto no de vosotros — sino que es don de Dios”. La justificación por la fe, la verdad que transformó a Lutero tuvo el mismo efecto sobre Ryle. En el año 1880, después de cuarenta años en el ministerio, cuando ya tenía sesenta y cuatro años, fue nombrado primer obispo de la populosa ciudad de Liverpool. Allí, Ryle trabajó arduamente e hizo mucho bien hasta que no pudo más y renunció a la edad de ochenta y tres años, unos cuantos meses antes de su muerte, el diez de junio del año 1900.

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